Legión de Honor

          La legión de Honor (en cuya cúspide aparece la Grande Chancellerie de la Légion d’Honneur), es una orden francesa instituida por Bonaparte, a través de un decreto del Cuerpo legislativo de 29 floreal, Año X (19 de mayo de 1802), declarado ley de la República y firmado el 9 pradial siguiente (28 de mayo), siendo él Primer Cónsul, -¡que es muy cómodo gobernar a los franceses por la vanidad!, como dirá en más de una ocasión-.

          Venía directamente inspirada por la “Legio honoratum conscripta” de la Antigua Roma, tanto en su simbolismo (las águilas), como por su organización; pero, contrariamente a las condecoraciones del Antiguo Régimen, se pretendía abierta a todo ciudadano, porque, en su concepción original, deberia constituir una especie de nuevo patriciado, formado por militares que hubieran prestado brillantes servicios “dans la guerre de la liberté, donde también tendrían cabida personas que, por su talento, su saber o su virtud –se decía-, han contribuido a establecer o a defender los principios de la República, o a hacer amar o respetar la justicia o la administración pública.

Compromiso entre el pasado y el tiempo presente, venía a sustituir también a aquella “Ordre militaire et royal de Saint Louis” que Luis XIV había creado en 1693 para honrar a sus más brillantes oficiales.

La Orden debería consagrarse al servicio de la República, al mantenimiento de la integridad del territorio, a la defensa del gobierno y de las leyes, a combatir por todos los medios las tentativas de “rétablir l’ordre féodal” (quería decirse la monarquía como institución); y contribuir con todas sus fuerzas al mantenimiento de la libertad y de la igualdad.

Suponia, finalmente, la intención de fundir a las notabilidades de la milicia con las de las clases medias del comercio y la industria, de las ciencias y el saber, de las artes y la literatura.

Era la época en que Bonaparte (no aún enteramente asentado su régimen), jugaba con el vocablo “república”, para tranquilizar a la izquierda, a la espera de la consolidación de su particular “monarquía” de poder omnímodo.

          Los miembros de la Légion de Honor quedaban estructurados y jerarquizados en 15 –luego 16- cohortes, cada una compuestas de siete grandes oficiales con una retribución anual de 5.000 francos, de veinte comandantes, con una retribución de 2.000 francos, de treinta oficiales, con 1.000 francos anuales y de 350 legionarios, que percibirían 250 francos al año.

Y cada cohorte recibió una dotación de bienes nacionales con un devengo en rentas de 250.000 francos/año.

Legión de Honor

Legión de Honor

 La Orden, cuya cabeza era el Primer Cónsul, a quien todos estaban ligados por un juramento de fidelidad, estaría administrada por un Gran Consejo, compuesto de grandes oficiles (donde iba a entrar José Bonaparte, y luego su hermano Luis en 1804), los cuales elegirían a un Gran Canciller. El primer Grand Chancelier fue el naturalista Lacépède.

Y esto sucedía con la ceñuda oposición de los nostálgicos de la Revolución francesa, que veían en ello el inconfesado resurgimiento de una nobleza de nuevo cuño. Porque, con los mayorazgos y otras dotaciones, las llamadas sénatoreries que pronto vendrán y esta Legión de Honor con juramento de fidelidad, parecía asistirse a una auténtica resurrección de neofeudalismo, al servicio del supremo soberano.

          Llegó el Imperio, y el decreto de 11 de julio de 1804 instituyó las decoraciones de la Legión de Honor, de las que Napoléon I hizo la primera distribución en la iglesia de los Inválidos el 15 de julio siguiente, en el transcurso de un brillantísimo acto, con entrega del diploma de pensión aparejada; y estaban allí presentes Murat, gobernador de París, Sérurier, gobernador de los Inválidos, el arzobispo Belloy y el nuncio Caprara, todo entre vivas al Emperador y a la Emperatriz.

Y, la segunda el 16 de agosto siguiente, en el Camp de Boulogne -donde se preparaba un posible desembarco en Inglaterra-, entre soldados y oficiales de las últimas campañas.

Aquellas primeras distribuciones integraron a los nuevos mariscales del Imperio (Berthier, Lannes, Joachim Murat, Michel Ney, Soult…), a personalidades del mundo industrial (como Oberkampf), a  notabilidades de las artes (como los pintores David, Gros, Gérard), de la arquitectura (Fontaine, Peyre), de la ciencia de su tiempo y de la medicina (Corvisart, Gay-Lussac, Cuvier, Monge, Montgolfier), a algunos altos funcionarios, y al navegante Bougainville, recibido grand-officier.

          En enero de 1805 fue creado una nueva graduación, por encima de todos, el de Grand Cordon, o Grand-Aigle (que luego se llamará Grand-Croix)

          Poco después, el nombre de “legionnaire” fue cambiado por el de “chevalier”, y el número de miembros, que la ley de 1802 habia fijado en 6.512 (el agregado de las 16 cohortes), empezó a aumentar. Desde su creación hasta el final del Imperio, Napoléon nombrará a 48.000 legionarios, de los cuales sólo apenas el 3% eran civiles. ¡Y hasta el poeta Goethe la recibirá en octubre de 1808, en nombre de aquel que se decía “Empereur des français, roi d’Italie et protecteur de la Confédération du Rhin”.

Legión de honor

          Por otro lado, días después de la batalla de Austerlitz, por el decreto de Schônbrunn de 15 de diciembre de 1805, el Emperador decidía la fundación de tres Instituciones de educación para las hijas de miembros de la Legión de Honor; una de ellas fue establecida en Écouen (Val-d’Oise, NO de París), a finales de 1806 (suprimida en 1814 y luego restablecida, hasta su cierre como institución en 1960), otra en Saint-Denis en 1811, y, finalmente, la de Loges (Saint-Germain-en-Laye), que vino a recibir a las pupilas de Écouen. Decisión que venía a dar parcial solución a la grave falta de cauces para la instrucción y educación de las jóvenes francesas -después de la Revolución y la desaparición de los centros regidos por la Iglesia Católica, como conventos y escuelas parroquiales-.

          La administración de la Orden se instaló en París, en la margen izquierda del Sena, en el Hôtel de Salm, palacio construido entre 1782 y 1789 para el príncipe de Salm-Kyrburg, luego habitado por madame de Staël; fue incendiado, también éste, por los comuneros en su huída en 1871 y, contrariamente a las Tullerías, reconstruido pocos años después, para convertirse desde entonces en el palais de la Légion d’Honneur (7º distrito de Paris).

          Pero cayó el régimen napoleónico y vino la Restauración que devolvía a los Borbones al trono de Francia y, en adelante, la Légion de Honor, muy modificada, al final, en su estructura y funcionamiento, sobrevivirá a los diversos regímenes, hasta llegar a la Francia contemporánea.

          Por Ordenanza de 9 de julio de 1814, el restaurado Luis XVIII mantuvo la Legión de Honor, con la salvedad de sustituir la figura de Napoleón por la de Enrique IV –iniciador de la dinastía borbónica, allá en el tránsito del siglo XVI al XVII. Igualmente, los commandants tomarán el nombre de commandeurs y los grands cordons se llamarán en adelante grands-croix.

          La Orden fue modificándose paulatinamente hasta hacerla parangonable con las distinciones honoríficas de otros países, abriéndose también al sexo femenino, con la condecoración ya bajo Napoleón III, entre otras, de la primera mujer en la categoría “officier”: la pintora bordelesa Rose Bonheur (1822-1899), muy popular en su época.

          También se redujeron a la mitad las retribuciones, que ya no se concederán a los nuevos miembros (restablecidas, no obstante, por Napoleón III). Se suprimieron las cohortes y se fueron vendiendo sus propiedades.

Y la decoración, con su característica cinta roja y su estrella de cinco puntas bífidas bajo corona de hojas de roble y de laurel (imitando aquella que había ceñido la frente de Napoleón en su coronación), fue variando también, según el régimen político; la figura de Napoleón I quedó restablecida en el Segundo Imperio, para ceder, en 1870, ante la efigie que convencionalmente representa a la República en el anverso, y, en el reverso, dos banderas tricolores de astas cruzadas, rodeadas por la divisa “Honneur et Patrie”.

          Dentro de la interminable lista de grandes beneméritos, podrian mencionarse también, en los primeros tiempos, la recepción en la Legión de Honor de los poetas Alphonse de Lamartine y del joven Victor Hugo, ¡con sólo 23 años entonces! en 1825; pero, aun cuando la Orden iba abriéndose timidamente a otras categorías sociales, hasta el Segundo Imperio, los militares representaban aún el 75% de los condecorados, porcentaje que se iría equilibrando paulatinamente, a partir de entonces, con personalidades, del mundo de la industria o de la beneficencia social.

En el ámbito civil, vendrán luego a unirse a tan honrosa lista, entre tantos otros, nombres como los el pintor Manet en 1881, del escultor Rodin, grand-officier en 1910; del pintor Auguste Renoir, officier en 1911; de las escritoras Louise de Vilmorin, commandeur en 1932 y Marguerite Yourcenar, officier en 1980 y luego commandeur; del arquitecto Le Corbusier, recibido commandeur; o Alexandre Becquerel, el inventor de la pila fotovoltaica, también commandeur, o el biólogo Jacques Monod, officier en 1963, o André Malraux, también officier

Y entre los extranjeros, Giuseppe Verdi, Chaplin, Alexander Fleming, Charles Lindbergh, García Márquez, Alexander Calder, y tantos otros; ellos pueden recibir igualmente la Légion de honor, pero no son miembros de la Orden.

          La Legión de honor se destina a cualquier ciudadano, civil o militar, de nacionalidad francesa con, al menos, veinte años de actividad y limpio de pasado judicial, y en ningún caso puede ser solicitada para sí mismo. Aparte su inapreciable valor de estima social para los recipiendarios (tras nombramiento en forma de decreto publicado en el Journal Officiel), la condecoración no conlleva, desde hace tiempo, ningún tipo de ventaja material o financiera.

          Se contaban en la Orden de la Legión de Honor cerca de 45.000 miembros en torno a 1900, con un notable aumento tras la Primera guerra mundial y el gran número de personas, de diversas categorías, que se hicieron acreedoras a la distinción; lo mismo sucedió tras la Segunda guerra mundial y los conflictos de Indochina y Argelia, hasta integrar la Légion de Honor unos 320.000 miembros en 1962.

Ante tal explosión en el número, una reforma de la Orden pareció oportuna en 1962, bajo la presidencia del general De Gaulle al frente de la Vª República, so pena de trivializar tan alta condecoración, quedando desde entonces limitado el número de condecorados vivos en 125.000 personas.

Otra reforma reciente ha sido la rigurosa paridad en el otorgamiento de la Legión de Honor entre hombres y mujeres desde 2007, en su promoción civil.

          Y, dada la relativa inacesibilidad, en adelante, tanto de la orden de la Légion d’Honneur como de la Ordre Nationale du Mérite (a partir de su creación en 1963), y de la supresión de las diferentes medallas ministeriales, se sintió igualmente la necesidad de crear una promoción por benevolado asociativo a partir de 2010, con una medalla especifica, destinada a las personas que, desinteresa y anónimamente, trabajan en pro de dichos valores.

          Finalmente, desde su creación, el número de miembros que han obtenido la Legión de Honor asciende a un millón de ciudadanos aproximadamente. Y el número de legionnaires en las diversas graduaciones (chevaliers, officiers, commandeurs, Grand-Officier, Grand-Croix), es actualmente de algo más de 90.000 miembros -80% chevaliers-.

Existe un “Musée National de la Légion d’honneur et des Ordres de Chevalerie”, inaugurado en 1925 y situado en París, en el mismo Hôtel de Salm, donde se ubica el palais de la Légion d’honneur.

 

APUNTE BIBLIOGRÁFICO

www.legiondhonneur.fr

CHEFDEBIEN, Anne y otros: Ordres et décorations en France; Musée national de la Légion d’Honneur, noviembre de 2006; también: La Légion d’honneur, un ordre au service de la nation [con B. Galimard Savigny]; Gallimard, 2002.
DESCLÉE DE MAREDSOUS, Aliette y GALIMARD FLAVIGNY, Bertrand: La Légion d’honneur; Nane Éditions, 2016 y otras.
DU COUÉDIC DE KERGOUALER, Hermine: Les Maisons d’Éducation de la Légion d’honneur;  Grande Chancellerie de la Légion d’honneur, 1979.
IHL, Olivier: Le Mérite et la République. Essai sur la société des émules; Gallimard, 2007
SERODES, Françoise: Expliquez-moi la Légion d’honneur; París, Nane, 2013.
TAUPIN, Roger: Histoires de la Légion d’honneur; Éd. des Écrivains, 2000. 
WATTEL, Maurice y Béatrice: Les Grands-Croix de la Légion d’honneur;  París, Archives et Culture, 2009.

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