David, Jacques Louis (1748-1825)

        David, Jacques Louis (1748-1825) – Pintor y dibujante francés, Paul-Louis David, nacía en París, en el seno de una familia de artesanos y tenderos bien establecidos del quai de la Mégisserie, el 30 de agosto de 1748, al principio de una época anunciadora de profundos cambios estéticos y sociales; y era hijo de Luis-Maurice David y de Marie-Geneviève Buron.

Su padre muere joven, a la edad de treinta años, y Jacques-Louis, con nueve años entonces, ayudada su madre por su propia familia, recibe como puede sus primeras letras y rudimentos, hasta que pudo seguir los cursos del Collège des Quatre Nations, antes de que su vocación por la pintura se manifestara incontenible.

Y tomó sus lecciones más tempranas en el estudio del pintor François Boucher, adonde su tío materno y tutor vino a traerle para que se formara, cuyo estilo rococó le influirá en un primer momento. Y su maestro no tarda en reconocer las brillantes disposiciones de su pupilo.

Recomendado por Boucher (envejecido ya y que no tardará en morir), el joven Jacques-Louis entra a formar parte, en 1766, del alumnado de Vien, miembro de la Academia y temperamento frío e indeciso, pero pintor estandarte, ya por este tiempo, de una cierta renovación en pintura, más alla de las “frivolidades” de la escuela francesa. Después de algunos fracasos los años anteriores, obtiene el prix de Rome (1774), con un “Les amours d’Antiochus et de Stratonice”, y viaja a Italia con su maestro, que acaba de ser nombrado director de la Académie de France en Roma, en el palazzo Mancini.

          Era una época en que, mientras la ideología histórica dominaba el desarrollo de la arquitectura, las artes figurativas (pintura y escultura) parecían ir por detrás; y no, precisamente, por falta de talentos, pues ahí estaban Chardin, Boucher, Fragonard, Hubert Robert…, de quienes no puede decirse que se limitaban a reproducir el estilo del pasado, porque, a partir ya de 1750, un gran movimiento se abría paso en Francia para imponer una pintura histórica más cercana a lo real.

          Influenciado, sobre todo, por Nicolas Poussin, se interesa por el realismo caravaggesco y el arte de la escuela boloñesa (s. XVI-XVII).  Viaja también a Nápoles y visita en este 1779 Herculano y Pompeya.

Sus primeras obras denotan la influencia de la moda pompeyana, con reminiscencias estilísticas del rococó. Sensible a las teorías neoclásicas de Winckelmann, de Lessing, de Mengs y del amateur d’art Quatremère de Quincy, el joven copia con apasionado interés monumentos, estatuas, bajorrelieves y escenas figuradas en la cerámica antigua, donde él iba luego a inspirarse para ciertas composiciones, poses, accesorios y decorados.

          En julio de 1780, David, Jacques Louis abandonaba Roma y regresaba a París con 32 años.

Y ejecuta ahora varios retratos, ya de una sobria puesta en escena y muy expresivos, así como obras de temas antiguos e inflexión sentimental, como su “Bélisaire” –ya en su nueva orientación neoclásica, puro en sus formas, pero algo rígido-, expuesto en París en 1780 y bien aceptado por la Academia de pintura; y, sobre todo,  “La Douleur d’Andromaque”, conocido también por “Andromaque llorando la muerte de su marido Hector” (Louvre), que le abre ahora las puertas de la Academia en agosto de 1783.

          El año anterior, 1782, se ha casado en la parisiense Sainte-Geneviève l’Auxerrois, con Marguerite-Charlotte Pécoul, de 18 años (joven, pues, y bien dotada económicamente por su progenitor) de cuyo matrimonio nacerán cuatro hijos, en el espacio de los cinco años siguientes  Charles, Eugène, Laure y Pauline David.

Y ha abierto ya su propio taller-estudio de pintura, al que comienzan a acudir jóvenes candidatos que desean formarse bajo su férula, entre los que se puede citar a ese prerromántico que fue Girodet-Triosot (1767-1824).

          “Le Serment des Horaces”, el Juramento de los Horacios, de 1784 (óleo con las inusuales dimensiones de 3,3 m x 4,25 m, obra maestra y manifiesto del neoclasicismo), no es pieza narrativa, sino la emotiva expresión de un momento, representativa de ese “grand style” donde la nobleza del tema propuesto y el patetismo heroico de la expresión van unidos a una composición rigurosa y a una gravedad a lo Pierre Corneille -de cuya pieza dramática, “Horace”, entre otras fuentes, se inspira David vagamente-, que el sobrio colorido y la perfección del dibujo vienen a realzar.

          El Juramento recogía cierta leyenda de la historia antigua, según la cual los tres romanos Horacios le juran a su padre defender la ciudad hasta la muerte, enfrentándose a los tres albanos Curiacios; pero era el caso -paroxismo de la virtud patriótica-, que ambas partes estaban unidas por matrimonio con las hermanas respectivas. Ya todos los combatientes han caído en la lucha, cuando el último Horacio, de regreso a casa, es maldecido por su hermana Camila al conocer la muerte de su esposo…

          Y David, Jacques Louisse impone entonces como el jefe de una nueva escuela que venía a cuestionar los principios del arte.

En esa línea de inspiración, que bebía en Tito Livio y en las Vidas de Plutarco, realiza luego “La Mort de Socrate”(1787) -introduciéndose por primera vez en la temática griega- (Metropolitan Museum of Art de N.Y.) donde trata cómo el filósofo hubo de quitarse la vida, en el 399 a. C., tomando la cicuta por orden de los atenienses, que le acusaban de impiedad y corrupción de la juventud. Se trataba de un encargo, -a falta de otros que hubieran podido venirle del rey-, ejecutado para el noble liberal Trudaine de la Sablière.

Y también “Les Licteurs rapportant à Brutus les corps de ses fils”, “Los Lictores trayéndole a Bruto los cuerpos de sus hijos” (o, simplemente, “Bruto”, 1789, museo del Louvre),

David, Jacques Louis - Los lictores trayéndole a Bruto los cuerpos de sus hijos

Los lictores trayéndole a Bruto los cuerpos de sus hijos 1789, Louvre

          Tema éste sacado de los primeros tiempos de la República romana, siglo VI a. C., que trataba la ejecución de los hijos del primer cónsul Lucio Bruto, condenados por él mismo por haber atentado contra la “libertad”, e intentado restaurar la monarquía.

          Eran los temas que por entonces interesaban a aquella clase de artesanos leídos y a la pequeña y media burguesía imbuída de cultura clásica y de grandes ejemplos de patriotismo y de severas virtudes, entre la realidad histórica y el mito. Obras, en todo caso que, en el contexto de la Revolución que ya comenzaba, adquirían una fuerte resonancia política.

Y es que si David, Jacques Louis no hubiera existido, el ambiente “romano” de los años ’80 no se hubiera constituido como uno de los pivotes de la historia. Con su regreso de formación y estudio en Roma y su talento personal, el pintor transportaba a París, y por mucho tiempo, el centro creador de la pintura.

            Es en este 1787 cuando se tiene constancia (Albert Boime) de la pertenencia de David a la logia masónica de La Modération.

            Plenamente plantado ya como uno de los grandes artistas pictóricos franceses de su época, viene recibiendo también solicitudes para pintar a personajes notorios, como el retrato del físico Lavoisier con su mujer (1788), antes de que la vorágine revolucionaria le lleve al patíbulo seis años después.

Pero del rey no llegaban encargos oficiales.

            Pronto admirador de Robespierre y ya conocido en toda Europa, se conoce su afiliación al club de los Jacobinos a partir del otoño de 1790, tomando entonces parte activa en los acontecimientos, con sus pinceles y su voz al servicio de la Revolución en curso. Se convierte en diputado de la Convención, sentado en los bancos de la Montaña, y vota la muerte del rey en enero de 1793, como la acababa de votar también su congénere de bancada Lepeletier de Saint Fargeau, que cae asesinado, días después, a manos de un realista vengador. Y David fue encargado de organizar los solemnes actos funerarios, antes de pintar un cuadro en su memoria: “Les derniers moments de Michel Lepeletier” (hoy destruida).

En septiembre de este 1793, se convierte en uno de los doce miembros del siniestro Comité de Sûreté Générale, órgano policíaco del Terror, cuyo cometido era enviar “sospechosos”  ante el inplacable Tribunal revolucionario: entre centenares de víctimas se contó el general Alexandre de Beauharnais, marido de Josefina, y padre de los niños Eugenio y Hortensia, que ahora dejaba huérfanos. (¡Todo por la “libertad”, claro!).

Y, como maestro de ceremonias general, David organiza funerales (como los que también va a disponer para Marat, en julio de 1793), y grandiosas y costosas fiestas “patrióticas” para el nuevo régimen (como aquella dedicada al Ser Supremo, de junio de 1794).

          El 7 de mayo anterior, la Convención había decretado el Culto del Ser Supremo, por orden de Robespierre, nuevo profeta a sangre y fuego, hostil, tanto a las religiones reveladas como al materialismo; religión vagamente deísta, que buscaba darle un fundamento moral a aquella sanguinaria República que estaban construyendo. El 8 de junio, tras haber prendido fuego a una estatua que simbolizaba el ateísmo, en una espectacular ceremonia que había diseñado David, Robespierre –traje azul con solapas rojas-, encabezaba una solemne procesión desde las Tullerías al Champ de Mars. Algunos parisienses quisieron ver en ello la señal de nuevos sentimientos.

          David, Jacques Louis insta también fuertemente a la supresión de la Academia y modifica la enseñanza del arte.

          Testigo apasionado, David aborda entonces temas de la historia contemporánea, para proyectar en sus lienzos el culto del heroísmo y de la virtud cívica, como en su gran esbozo  “Le Serment du Jeu de Paume”,”El Juramento del Juego de pelota”, obra ambiciosa inacabada, concebida por su autor a partir de 1790 y que acometía con la intención de donarlo a la Asamblea Constituyente (hoy en el museo del palacio de Versalles); y para exaltar a los considerados por el régimen mártires revolucionarios, como el inacabado “La mort du jeune Bara” (1794, museo Calvet, Aviñón) y “Marat assassiné” (conocidísima y simbólica obra ésta de su período revolucionario, que termina en octubre siguiente al asesinato), para las cuales encuentra los medios plásticos apropiados a la expresión del drama: sobriedad en la luz y en la composición, tensión en el gesto, reducción de accesorios y tonos fríos.

David, Jacques Louis - À Marat, David. Asesinato de Marat

Asesinato de Marat, 1793, Museo Real de Bellas Artes de Bruselas

Y ambos lienzos, Lepeletier y Marat permanecieron expuestos, durante largos meses, en la sala de sesiones. La Convencion termidoriana ordenará su retirada, llegado el post-Robespierre.

            Y así dijo aquel 15 de noviembre de 1793, interpelando al pueblo desde lo alto de la tribuna de la Convención, a la que acaba de ofrecer su cuadro:

“¡Acudid todos, la madre, la viuda, el huérfano, el soldado oprimido, todos aquellos que os habéis sentido defendidos por él, con peligro de su vida! ¡Acercaos y contemplad a vuestro amigo, porque aquel que vigilaba ya no está; su pluma, terror de los traidores, se cae de sus manos! ¡Oh, desesperanza, vuestro infatigable amigo ha muerto!…

Su Marat resulta ya de un inesperado realismo en esta fase de su evolución; pero es que David se va apartando paulatinamente de la ideología antiquizante, para centrarse cada vez más en el sujeto.

            Son años crueles y azarosos, y el matrimonio de David y Marguerite se resiente ahora gravemente, hasta el divorcio en marzo de 1794, después de que él hubiera votado la muerte de Luis XVI. Y ella se traslada a casa de su padre con sus dos hijas, de ocho y siete años entonces.

            Robespierre caía el 9 Termidor (27 de julio de 1794), y David, Jacques Louis es acusado entonces de alta traición y detenido en el Luxemburgo durante cuatro meses. En esa prisión -de donde tantos habían salido, como de muchas otras, para encontrarse con la cuchilla-, probablemente tuvo ocasión de reflexionar, pensó que sus pinceles, su arte y su ambición personal bien valían un cambio de casaca y acabó siendo liberado en diciembre, cuando centenares de aquellos que él había mandado a las tinieblas, con su firma al pie de un documento acusatorio, no tuvieron esa suerte. On ne peut me reprocher qu’une exaltation d’idées!” –fue su defensa-.

Fue durante su detención cuando pinta su tercer y último autorretrato (museo del Louvre). Y volvió a prisión en mayo del ’95, después de las nuevas manifestaciones jacobinas de pradial, Año III, para ser excarcelado en octubre siguiente, beneficiario, como muchos otros, de una amplia amnistía.

David, Jacques Louis - Autorretrato 1794, Louvre

Autorretrato 1794, Louvre

          Libre ya desde hace un tiempo, y no precisamente pobre, como muchos ex-terroristas, en noviembre de 1796 David ha vuelto a reanudar su vínculo matrimonial con Charlotte, que había venido  a verle prisión.

            Las nuevas instituciones –el Directorio-, pretenden ser generosas y a David se le ofrece un puesto en el nuevo Institut, en la clase de Littérature et Beaux-Arts.

Y él vuelve a la alegoría antigua, menos comprometedora por lo tiempos que corren, y pinta “L’Intervention des Sabines” (1796/1799, Louvre), tema romano helenizado en su factura, que habla ahora de reconciliación y de moderación entre facciones rivales (romanos y sabinos), era en vísperas del golpe que Bonaparte y otros capitostes preparaban; lienzo éste de las Sabinas que su autor considerará su obra maestra, donde se afirma una creciente voluntad de reconstitución arqueológíca, y tema -ya sea el rapto o la intervención-, diversamente tratado, a través del tiempo, por diferentes pintores como Poussin, Johann Heinrich y Cortona, entre otros.

David, Jacques Louis - Intervención de las Sabinas 1796/99, Louvre

Intervención de las Sabinas 1796/99, Louvre

Independientemente de la calidad intrínseca de la obra, su presentación pública ¡de pago hasta 1805, lo cual era una novedad venida de América!, en los locales del Louvre, y la desnudez de los personajes, con algunos rostros conocidos en los modelos femeninos, provocó no poco éxito de escándalo.

Y entre los colaboradores alumnos con los que contó David en su estudio, pintando las Sabinas, se hallaba un tal Dominique Ingres, de dieciséis años entonces.

            Fue entonces el golpe de Estado del 18 Brumario, que acababa con las instituciones republicanas, y Bonaparte se convierte en Primer Cónsul, pronto vitalicio. “¡Oh, mes amis, Bonaparte est mon héros!” –había exclamado ya el versátil David, después del victorioso tratado de Campo Formio de octubre, 1797-.  Pase en cuanto a los primeros tiempos, pensando, como muchos lo pensaron, que aquel general de (voluntariamente) ambiguo perfil ideológico, había venido, precisamente, a salvar la República de aquella deriva de corruptos y falsos patriotas que constituian el personal del Directorio.

Y fue por estas fechas -el general en París, a su regreso de Italia-, cuando David, Jacques Louis emprende el primer retrato de Bonaparte, que quedará inconcluso en esta primavera de 1798 (museo del Louvre), ¡más ocupado el militar en preparar su próxima campaña de Egipto que en perder el tiempo en tediosas poses! Pero quedará como valioso testimonio, por la calidad de la ejecución y la juventud y espontaneidad del retratado.

David, Jacques Louis - Retrato inacabado del general Bonaparte, hacia 1798, Louvre

Retrato inacabado del general Bonaparte, hacia 1798, Louvre

          David, Jacques Louis, que había votado la muerte del monarca por “tirano”, va a convertirse en incondicional partidario de este Napoleón Emperador al que media Francia y toda Europa no tardarán en tratar de déspota, cien veces más poderoso que el infeliz Luis XVI. “J’avais toujours bien pensé que nous n’étions pas assez vertueux pour être républicains! –parece que dijo (É.-J. Délecluze)- Y ahí lo dejaron, él y su conciencia.

Pronto fijará el pintor los rasgos del nuevo amo en héroe romántico en su gran óleo ecuestre “Bonaparte franchissant le Grand-Saint-Bernard”, de 1800-1803 (2,6 m x 2,21m,  en el museo del château de la Malmaison); lienzo, precisamente, pintado para el rey de España Carlos IV (en el marco del nuevo clima de relaciones entre ambos países), del que saldrán otras versiones e innumerables copias y reproducciones, y donde no faltan algunos rasgos aduladores hacia el Primer Cónsul como la longitud de sus piernas y su estatura (comparar, p ej. con “Napoleón en su gabinete”, postrera obra del Emperador de 1812, que no encargará el representado, sino un admirador suyo el escocés lord Douglas, futuro duque de Hamilton).

David, Jacques Louis - Bonaparte atravesado en Gran San Bernardo

Bonaparte atravesado en Gran San Bernardo 1800/1803, château de La Malmaison

            Pinta también en esta época (1800) algunos retratos, como el de Juliette Recamier, de 23 años entonces, inacabado también, por desavenencias con su modelo.

David, Jacques Louis - Retrato inacabado de Madame Récamier

Retrato inacabado de Madame Récamier 1800, Louvre

          Lo había hecho en su fase revolucionaria, consciente de que la imagen, hábilmente tratada, puede convertirse en ideología, y vuelve a hacerlo ahora -entre Consulado e Imperio-, coincidiendo hondamente en ello con Napoleón Bonaparte. Pero es que David, alumno de las Luces, creía firmemente que el arte puede desempeñar un papel pedagógico en la sociedad, es decir, ideológico, en cuanto es portador de emociones y sensaciones, y potente suscitador de reflexión. “Las artes –había dicho él en un discurso en la Convención, en marzo de 1793-, han de contribuir a la instrucción pública, pero regenerándose; el genio de las artes ha de ser digno del pueblo al que alumbra, y ha de avanzar siempre acompañado de la filosofía, que sólo podrá aconsejarle ideas grandes y útiles” (traducimos).

          Otros echaran luego libros a las hogueras, o los incluirán en no sé qué Index, o perseguirán determinadas manifestaciones artísticas cuando no se atengan a su proyecto de conformar un Hombre Nuevo; el dictador enérgico y hasta brutal de las Artes que fue David durante la Revolución, advertía entonces, en aquel mismo discurso desde la tribuna: “Cada uno de nosotros habrá de rendir cuentas ante la patria de las aptitudes que ha recibido de la Naturaleza (…). El verdadero patriota aprovechará con entusiasmo todos los medios de iluminar a sus conciudadanos, presentándoles incesantemente los sublimes rasgos de patriotismo y de virtud”.

          En diciembre de 1803, David, Jacques Louis era nombrado chevalier de la reciente Legión de honor (será promocionado a officier en 1808). Y, en 1804 obtiene el cargo de primer pintor. Volviendo entonces a la actualidad, se vuelca en la glorificación del nuevo régimen y del Emperador –¡aquel que ya había suprimido de la vida de sus conciudadanos la libertad política!-, con obras de aparato como “Le Sacre de Napoléón”, llamado también “Le Couronnement” –de hecho, representa la coronación de Josefina, no de sí mismo- óleo sobre lienzo de grandes dimensiones, 9,8 m x 6,21 m, cuya ejecución le llevará tres años, 1805/07 (museo de Versalles), y obra maestra en el género de los cuadros de historia-;  o “La Distribution des aigles le 5 décembre 1804”  que sólo concluirá el pintor en 1810.

David, Jacques Louis - La Coronación de Napoleón

La Coronación de Napoleón y Josefina, 1805/1807. Versalles

Aprovechando la presencia del papa, había pintado también a Pío VII en 1805 (óleo sobre tabla, museo del Louvre), y representará al emperador Napoléon con sus oropeles imperiales y también en su gabinete en 1812.

            Cayó el Imperio, como todo cae, y, curándose en salud, el regicida David, el amigo de los Marat y sus congéneres, el miembro activo que había sido del Comité de Sécurité Genérale, el adulador del “ogre de l’Europe ” salía de Francia, en previsión de las cuenta que podrían pedírsele.

Pero el desterrado de Elba volvió a París con el “Vuelo del Águila” y, con la noticia, tambien David se apresuró a regresar, como muchos otros, y fue elevado, esta vez, al grado de commandant de la légion d’honneur, en abril de 1815, después de que se hubo adherido al Imperio “liberal” que el Napoleón de los Cien Días proponía ahora a los franceses, instado por Benjamin Constant.

Pero en Waterloo vino a hundirse el Imperio definitivamente, y llegó la Restauración, y de nuevo David partió para el exilio, a pesar de la buena disposición del moderado ministro de la policía Élie Decazes (que había sido consejero del rey de Holanda Luis Bonaparte), por hacerle regresar. Y David terminó instalándose en Bruselas a partir de principios de 1816 (después de que Roma no aceptara acogerle), dejándole la dirección y gestión de su taller a Antoine Gros.

Porque, como otros ex-alumnos suyos, Gros, Girodet y Gérard -con variable entusiasmo cada cual-, no tuvieron reparos en aceptar la Restauración de los Borbones que, al menos, devolvían a los franceses las mínimas libertades políticas de opinión, prensa y reunión, reconocidas en la nueva Carta Otorgada, y que el régimen ya caído había secuestrado.

          Y, apenas unos meses después, era excluido de la Académie des Beaux-Arts.

          En vísperas de la gran revolución romántica, David, Jacques Louis vuelve sobre sus reminiscencias clásicas, y en Bélgica ejecuta temas elegíacos y mitológicos (como su amplio “Mars désarmé par Venus y les Graces”). Y ejecuta retratos para una clientela de exiliados y de notabilidades belgas o de paso (p. ej., las hijas de José Bonaparte).

Ya con ciertos problemas de salud que venía arrastrando, y con una reciente hemorragia cerebral que le había paralizado las manos, en Bruselas morirá el 29 de diciembre de 1825, a la edad de 77 años, reinando ya en Francia Carlos X. Pero no habían faltado, tiempo atrás las señales de cierta benevolencia que el Borbón Luis XVIII quiso hacerle llegar.

Al no haber obtenido autorización de traspasar la frontera, sus restos hubieron de ser enterrados en Bruselas, con gran afluencia –todos confundidos-, de sus admiradores en el arte y de sus simpatizantes en la política.

Pero su corazón se halla en el parisiense cementerio del Père-Lachaise, al lado del cuerpo de su esposa, porque ella, Marguerite-Charlotte,  había muerto en mayo de 1826.

 

          Maestro de Gros, de Girodet-Trioson, de Gérard, de Ingres…, David, Jacques Louis encarnaba en adelante, mal que le pesara, el neoclasicismo y pasó a ejercer considerable influencia en Europa.

Si sus preceptos pudieron contribuir al desarrollo de la corriente académica, algunas de sus obras (como los retratos de Madame de Verninac en 1799; o de Madame Récamier en 1800 -ya bajo el Directorio o el Consulado, en que la burguesía levanta cabeza y se relaja el ambiente político-, o de Pio VII en 1805, bajo el Imperio), de factura más rica y diversificada, mostraban ya una nueva preocupación por escrutar la realidad; como también algunos de sus cuadros que hoy llamamos “de historia” probaban la modernidad de su sensibilidad, tendencias que continuarán en sus sucesores.

David, Jacques Louis - Pío VII 1805, Louvre

Pío VII 1805, Louvre

Porque se dice, para comodidad de la exposición, que David fue pintor de historia sin otras matizaciones; él no pretendía reproducir la historia en muchos de sus lienzos, sino plantarse en propagandista: “El Juramento del juego de pelota”, “Marat” “Bonaparte cruzando…”, “La Coronación”, “La Distribution des Aigles” –que luego sí serán historia-, eran en ese momento, ante todo, cuadros de propaganda política, como lo habían sido ciertas manifestaciones de la pintura bajo Luis XIV, en artistas como Charles Lebrun, ejecutando obras en Versalles a la gloria el soberano y de la Monarquía.

          Ni como artista, ni como individuo -oportunista hasta el cinismo-, David, Jacques Louis fue hombre unívoco, fruto, tal vez –como comenta Chantal Georgel-, de la unión entre la política, el arte y la historia. Y no es sólo por su comprometimiento político por lo que fue cuestionado ya en vida (instalado en la intransigente y criminal Montagne de la Convención primero, y luego, con el cambio de tornas, soberbiamente acomodado a la sombra de un césar, enemigo declarado de los jacobinos).

Y el realismo del pintor se fue acentuando, abriendo así una vía excepcionalmente fecunda, pero marcando también los límites del neoclasicismo.

Su figura, hemos visto, es inseparable de su tiempo político en una parte no desdeñable de su creación y de su acción. Con motivo del Bicentenario de la Revolución francesa, tuvo lugar una exposición en el palacio de Versalles, en 1989/90, y otra en el Museo del Louvre por las mismas fechas. Luego otra importante en el museo Jacquemart-André de París.

APUNTE BIBLIOGRÁFICO

BORDES, Philippe: David; Paris, Hazan 1988.
DELÉCLUZE, Étienne Jean (ex-alumno de David): Louis David, son école et son temps; 1855.
HAUTECOEUR, Louis: Louis David; La Table Ronde, 1954.
HUMBERT, Agnès: Louis David, peintre et conventionnel; essai de critique marxiste; 1936.
LÉVÊQUE, Jean-Jacques: La vie et l’oeuvre de Jacques-Louis David; ACR, 1989.
MICHEL, Régis y SAHUT, Marie-Catherine: David, l’art et le politique; Colección “Découvertes”.
NANTEUIL,  Luc de –: Jacques-Louis David; Le Cercle d’Art, 1987.
NÉRET, Gilles: David, la terreur et la vertu; Paris, Mengès, 1989.
SCHNAPPER, Antoine: David, témoin de son temps; Friburgo, Suiza, 1980.
VERBRAEKEN, René: Jacques-Louis David, jugé par ses contemporains et la postérité; Paris, Leonce Laget, 1973.

En español:

BRYSON, Norman: Tradición y deseo: de David a Delacroix; Madrid, Akal, 2002.
ROMERO BREST, Jorge: Jacques-Louis David; Buenos, Aires, 1943.

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