Bonaparte, María (1882-1962)

          La psicoanalista, escritora, mecenas y benefactora María Bonaparte nacía en Saint-Cloud, a sólo unos kms del centro de París, el 2 de julio de 1882, nieta de Pierre-Napoleón Bonaparte, hijo él mismo de Luciano Bonaparte y sobrina biznieta, pues, de Napoleón I, en quien ella verá, más adelante, a “un monumental asesino.”

          Era su padre Roland Napoleón Bonaparte (1858-1924), geógrafo y botánico, y su madre, Marie-Felix Blanc (1859-1882), “plebeya” pero heredera de una de las mayores fortunas de Mónaco, que fallecerá, lamentablemente, a  las pocas semanas del nacimiento de María, dejándole a su hija, eso sí, un muy holgado patrimonio en herencia.

En febrero de 1885, el padre con su hija y la abuela paterna, “Nina”, que se ha reintegrado al hogar para hacerse cargo de la niña, dejan su residencia de Saint-Cloud para venir a instalarse en el céntrico Cours-la-Reine, y pasar posteriormente, en 1896,  a un hotel particular mandado construir por Roland en la avenue d’Iéna, en la “rive droite”, no lejos de allí.

Y la niña irá creciendo con escasas relaciones con niños de su edad y en un ambiente materialmente cuidado, pero carente de la presencia de una madre y del cariño materno, entre nodrizas y ayas, medianamente atendida por un padre semiausente, más ocupado de sus estudios e investigación que de la pequeña María, y por su abuela, la manipuladora princesa Éléonore, áspera con ella y de mal carácter. Porque ella, como otros miembros del clan Bonaparte, imbuídos ya, a estas alturas, de aristocratismo y prosapia, había desaprobado aquella alianza de Roland con la gente del negocio.

          Después de un brote de leve tuberculosis en su primera infancia, felizmente superado, María muestra obsesiones hipocondríacas, pero también inteligencia e interés por aprender, por lo que, inclinado él mismo al estudio, su padre la induce al cultivo de la medicina, la física,  las matemáticas y otros saberes positivos, en un notable distanciamiento de la religión, útil únicamente a efectos sociales.

Y, además del suyo propio, aprende y cultiva otros idiomas, como el griego, el inglés y el alemán.

Pero María Bonaparte tiene alcurnia y relaciones de rango por su familia paterna, y con su abuela visita a la hija de Jerónimo Bonaparte, la princesa Matilde (1820-1904), –testigo prestigioso ella del Segundo Imperio-,  a la que conoce en su brillante salón parisiense; y también a Eugenia de Montijo, viuda ahora del ex-emperador Luis-Napoleón, en su palacete de Cap Martin, cerca de Mónaco.

          María vive con tristeza, igualmente, los vetos de relación que su padre y abuela han lanzado contra los Blanc maternos –a pesar de algunos contactos-, y que ella vive como aislamiento personal. A lo que vienen a añadirse el sentimiento –hasta la hipocondría-, de creerse poitrinaire, enferma de tuberculosis ella también.

            Por fortuna, no obstante, sus angustias y tristeza quedan, si no anuladas, amortiguadas al menos por el interés que ella pone en su formación personal y en sus estudios diversos sobre humanidades, literatura y filosofía, que prosigue guiada o incitada por sus preceptoras, o estimulada por el ejemplo que su padre le da, al margen de cualquier formalismo académico oficial.

          Pero Justine-Éléonore Ruflin sucumbe en octubre de 1905, víctima de una angina de pecho, y esa muerte, vistas las complejas relaciones que había mantenido con su abuela, suponen para María –ya con 23 años-, una especie de liberación, sin que las relaciones con su propio padre vengan a hacerse más cálidas.

          Más interesada por el estudio que por el matrimonio hasta entonces, ni por los diversos pretendientes que los suyos barajaban, donde sólo veía ella cazafortunas, el 12 de diciembre de 1907 se casaba en Atenas, no obstante, con el príncipe Georges de Oldenbourg de 37 -no muy inclinado él, precisamente, al comercio de las mujeres-, segundo hijo de los reyes de Grecia, que la hará a ella princesa de Grecia y Dinamarca, pero no feliz matrimonialmente.

María Bonaparte. Enlace matrimonial en Atenas en 1907. BNF

Enlace matrimonial en Atenas en 1907. BNF

Y hubo de dejar París y trasladarse a los azules horizontes de Atenas y Chipre.

Pese a que llegaron a tener dos hijos por exigencias de preservación dinásticas (Pedro de Grecia en 1908 y Eugenia de Grecia en 1910 –que será un día princesa Radzivill en un primer matrimonio-), Jorge no sentirá por su esposa el amor que se hubiera esperado y que ambos buscarán fuera del matrimonio, como aquel fuerte vínculo sentimental que Georges venía manteniendo con su tío Valdemar de Dinamarca (él mismo casado), y que durará largamente; o los que ella habrá de tejer  aquí y allá: con el heredero Constantino de Grecia, con Aristide Briand, con el discípulo de Freud Rudolf Loewenstein, o con el neumólogo Jean Trosier, entre otras diversas relaciones que le valdrán en los mentideros sociales el hiriente calificativo de “croqueuse d’hommes” (devoradora de hombres), y que ella minusvalorará luego, como relaciones sin excesivo compromiso.

Pero María -con problemas de frigidez y más implicada en el orden intelectual y sus exigencias-, continuó siendo la más querida de la familia real griega.

          Porque, llegada la primera guerra balcánica (1912-1913) contra los Otomanos en la que Grecia vino a implicarse, María y su esposo se involucraron hondamente en lo personal, y ella con su propio dinero.

María Bonaparte con sus hijos en 1912. BNF

María Bonaparte con sus hijos en 1912. BNF

          Y en marzo de 1913, el rey de los helenos Georges I, su suegro, era asesinado en Tesalónica por el anarquista Alexandros Schinas, en un atentado por la espalda y a corta distancia, cuya naturaleza nunca quedó perfectamente aclarada.

Los príncipes de Grecia vuelven a Francia en junio siguiente, donde María permanecerá ahora, cuando la segunda guerra balcánica venga a estallar en 1913 y su marido regrese a su patria una vez más.

            Estalla la Primera Guerra Mundial y María, junto con su marido el prìncipe Georges, se implican materialmente, costeando con su dinero una barcaza-hospital en el puente Alejandro III del Sena, y aportando ella su desvelo y su trabajo.

En París, donde vive su padre Roland-Napoleón Bonaparte, María conoce entonces a importantes personalidades del mundo intelectual y político del momento, a los que recibe en su salon, como Raymond Poincaré, el escritor Kipling, el médico Reverdin y, sobre todo, Aristide Briand, muchas de cuyas relaciones reanudará después de la guerra.

          Terminada la Primera Guerra Mundial, en aquella Francia exhausta y conmocionada aun, publica ella su primera obra “Guerras militares y guerras sociales” (1920), análisis psicológico de cómo influyen las guerras en el comportamiento de las sociedades.

            En abril de 1924 fallecía su padre Roland Napoleón Bonaparte, que será enterrado en el cementerio des Gonards en Versalles, dande yacía su esposa;  y su muerte supuso para María un fuerte choque afectivo, que la sensación y vivencia de la frigidez que ella sufría pudieron ahondar.

Y, al borde del suicidio en algunos momentos, en 1925 iniciaba una terapia psicoanalítica con el ya conocido René Laforgue que éste mismo le sugirió continuar con Sigmond Freud.

Y es así como Madame la Princesse Marie Bonaparte, como era conocida en su tiempo, vino a ser paciente de Freud en lo tocante a su propia sexualidad. Viajó a Viena y comenzó sus consultas; análisis que se prolongará hasta 1929, porque en Freud María acababa de encontrar un nuevo padre, además de considerarse, en adelante, su discípula y su amiga.

Por esa época, María Bonaparte asiste también a las consultas externas de psiquiatría del Hospital General de Viena, que dirigía el afamado Julius Wagner-Jauregg (1857-1940, Premio Nobel en 1927), y comienza a traducir al francés algunas obras de Freud, acudiendo igualmente a las reuniones semanales de la “Asociación Psicoanalítica” y a aquellas, muy restringidas,  que empezaban a tener lugar en torno a Freud.

Y el austríaco verá, en adelante, en su protegida a su representante preferido en Francia.

          Con el psicoanálisis María no resolvió su frigidez sexual –angustia existencial de su vida- concluyendo que este tipo de  problema deriva de la conformación general de clítoris y vagina y que es, pues, de naturaleza morfológica; idea que desarrolló en 1924 en un articulo que firmaba con el seudónimo de A.E. Narjani. Y, para corroborar su tesis, procedió en los años ’20 a mediciones anatómico-clitorianas en más de 200 mujeres.

No admitía que el orgasmo femenino pueda provenir directamente de la estimulación del clítoris, y no forzosamente de la penetración, por lo que dicha carencia la consideraba ella un problema anatómico.

Y, como otras mujeres a las que indujo con nulo éxito, también ella quiso someterse a algunas intervencienes quirúrgicas.

Pero –aun en puntuales desacuerdos con él-, María permanecerá discípula de Sigmond Freud en adelante, involucrada, finalmente en sus trabajos psicoanalíticos y sus experiencias, hasta el punto de desatender, en ocasiones, el cuidado de sus hijos.

          Y hasta su propia muerte, contribuirá, incluso con su fortuna personal, a dar a conocer, en el área mediterránea y en Francia, el psicoanálisis y la obra del maestro -algunas de cuyas obras tradujo ella entre 1927 y 1940-, y costeó el primer traslado de su obra a la lengua inglesa, entre otras valiosas aportaciones a la divulgación y a la conservacion de la memoria de Freud.

Maria Bonaparte formó parte del puñado de fundadores, aquel 4 de noviembre de 1926, de la “Société Psychanalytique de París”, SPP, (filial de la Asociación Psicoanalítica Internacional de Freud, IPA), que conocerá dos secesiones, en 1953 y 1963); y de la “Revue française de psychanalyse” (RFP), bajo el patrocinio de Freud.

          Y en 1933 escribe “Edgar Allan Poe: sa vie, son oeuvre, étude analytique” (estudio psicoanalítico con un prólogo de Freud).

          En enero de 1934 se abrirá el “Institut de Psychanalyse”, dependiente de la SPP, cuya directora será María Bonaparte.

          Llegaron los aciagos años del nazismo, la anexión de Austria a Alemania (Anschluss), el inicio de la guerra europea y, finalmente, la ocupación de Francia, momento en el cual María, con su marido y su familia abandonan París por Grecia, antes de pasar a África del Sur.

Ella ayudó con su dinero a su maestro con su esposa Martha Bernays y sus hijos, a dejar Viena en 1938 y a ponerse a salvo en Londres, donde él no tardará en morir al año siguiente, a los 83 años. Y se estima que pudo salvar también a  varios centenares de judíos de perecer exterminados.

Un día de finales de 2013, el mundo sabrá que en el cementerio Golden Green de Londres, alguien había intentado sustraer la urna que contiene las cenizas de Freud y de su mujer. Urna esta de incalculable valor –dañada ahora-, datada en el 300 a.C. aprox., que María Bonaparte había regalado a su maestro para su colección.

          Protegerá también y apoyará con sus recursos a Gustave Le Bon (1841-1931), y al húngaro Géza Róheim (1891-1953), psicólogos y antropólogos ambos, para sus estudios de campo lejos de Europa

Ella misma se vio involucrada en el amplio debate que comenzó a suscitarse a partir de la posguerra, respecto a la legalidad de la práctica psicoanalítica por personas sin titulación oficial de médicos (véase el sonado caso judicial, en 1950, en torno a la franco-americana Margaret Clarck-Williams, “Le Figaro”, 28 diciembre, 1950).

Y critica la práctica que terapias breves que por entonces desarrollaba Jacques Lacan, miembro que había sido de la SPP desde 1938, pero atacado ya por el resto de la IPA.

          Además de sus contribuciones para la “Revue française de psychanalyse”, y otras aportaciones a la psicología como “Chronos, Éros et Thanatos”, o “Psychanalyse et Biologie” (ambos de 1952), emtre otros, María Bonaparte escribió relatos o evocaciones autobiográficas como “Monologues devant la vie et la mort” en 1950; o cuentos como “Les glauques aventures de Flyda des mers” del mismo año; ensayos o meditaciones como “Mythes de guerre”, de 1947, traducida enseguida al inglés; y, sobre todo (psicoanalista ya ella, desde hacía dos decenios), “De la Sexualité de la femme”, su obra más conocida, donde corregía su primera visión del problema de la frigidez, insistiendo ahora en lo psicológico  (editado en PUF en 1951), libro en el que la autora habla de una “condición bisexual” de la mujer y del que no querrán saber nada los sectores feministas; y“Psychanalyse et Anthropologie” en 1952…

Al igual que el germano-americano Karen Horney (1885-1952), también Marie Bonaparte puso de relieve la importancia de los conflictos de la primera infancia y de los factores socioculturales en las neurosis.

            Y, junto a su esposo en representación de Grecia, María asiste, en junio de 1953, a la coronación de la nueva reina Isabel II de Inglaterra –tios que eran del duque de Edimburgo, Felipe de Grecia y Dinamarca-.

          Muerto ya su marido Georges de Grecia en noviembre de 1957 -tras 50 años de vínculo matrimonial-, con quien había mantenido, pese a todo, relaciones cordiales no carentes de afecto mutuo, María cae temporalmente en una profunda tristeza, y se lanza entonces en acciones humanitarias de fuerte resonancia social, como aquella, en la segunda mitad de los años ’50, que con otros activistas pretendía evitarle la pena de muerte al criminal americano Caryl Chessman, pasado por la cámara de gas, finalmente, en mayo de 1960.

          Tía abuela de la reina Sofía de España, María Bonaparte resulta personaje altamente estimable por su generosidad y entrega, y trágico al mismo tiempo (aunque científicamente poco relevante –salvo excepciones, como su trabajo sobre Poe-,  al decir de algún historiador y psicoanalista, como Elisabeth Roudinesco).

Vinculada al mundo político literario y aristocrático de su tiempo,  María moría, ella, en Saint-Tropez el 21 de septiembre de 1962, a los 80 años de edad, víctima de una leucemia galopante, y sus cenizas fueron esparcidas sobre la tumba de su marido en Tatoi, unos km al norte de Atenas, residencia de verano y panteón de los reyes griegos.

          Y, sin embargo  “si alguien escribe mi vida –había dicho ella tiempo atrás- que la titule La dernière Bonaparte, porque lo soy”.

          No quedaría completa este esbozo de la figura de María Bonaparte y de los albores del psicoanálisis en Francia si no evocáramos aquí los nombres de otras dos mujeres:

  • la franco-polaca Eugénie Sokolnicka, nacida Kutner de familia judía (1884-1934), con tendencia a a depresión y al suicidio, con rasgos paranoides también en su personalidad y otros de masculinidad (según S. Ferenczi que la trató en Budapest). Sokolnicka (no médico, también ella), fue la auténtica pionera, primera en dar a conocer en Francia, a partir de 1920, un psicoanálisis clínico aplicado (más allá de las someras teorizaciones de la época), y cofundadora, también de la SPP); pero su figura irá decayendo paulatinamente, a partir de 1930, en los círculos científicos y prácticos del psicoanálisis de estos años. Sokolnicka cae en una nueva fase depresiva y termina suicidándose en mayo de 1934.
  • y Sophia Morgenstern, también polaca y judía, nacida Kabatschick (1875-1940), con formación médica oficial y reglada adquirida en Suiza, que llega a París en 1924, a los 49 años, para trabajar en el servicio infantil de neuropsiquiatría de la Salpétrière, hasta convertirse en figura relevante, por estos años del psicoanálisis infantil. Fue miembro también de la SPP, a partir de 1929, y docente en el “Institut de Psychanalyse” filial, a partir de su fundación en 1934. Sofía acabó suicidándose con la entrada de los nazis en París

APUNTE BIBLIOGRÁFICO

AMOUROUX, Rémy (profesor en el Instituto de Psicología de la Univ. de Lausana): Marie Bonaparte: entre biologie et freudisme; Presses Universitaires de Rennes, 2012.
APPIGNANESI, Lisa y FORRESTER, J.: Las mujeres de Freud; Buenos Aires, Planeta, 1994.
BERTIN, Celia: Marie Bonaparte, la dernière Bonaparte; Librairie Académique Perrin, 1982 y otras.
BOURGERON, Jean-Pierre: Marie Bonaparte; PUF, (“Psychanalystes d’aujourd’hui”), 1997; también: Marie Bonaparte et la Psychanalyse, à travers ses lettres à René Laforgue et les images de son temps; Ginebra, Slatkine, 1993.
LEMEL, Alix: Les 200 clitoris de Marie Bonaparte; Les Mille et une nuits, 2010.
MIJOLLA, Alain de –: Freud et la France (1885-1945); Presses Universitaires de France, 2010/12.
ROUDINESCO, Élisabeth y Michel PLON: Dictionnaire de la psychanalyse; París, Fayard, 1997  
THOMSON, Nellie (1893-1957): La théorie de la sexualité féminine de Marie Bonaparte: fantaisie et biologie; 

En español:

ROUDINESCO, Élisabeth: La batailla de Cien años. Historia del Psicoanálisis en Francia; Madrid, Fundamentos, 1988.
STEIN-MONOD, C.: María Bonaparte en J. SPANJAARD et alii: “Historia del psicoanálisis” V.; Buenos Aires, Paidós , 1968.

En filmografía: Princesse Marie (2003) de Benoît Jacquot, con Catherine Deneuve en el personaje de Maria.

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