Biblioteca Nacional de Francia (BnF)

          Biblioteca Nacional de Francia – La conocida hoy como “Bibliothèque nationale de France”, remonta sus orígenes al gran amateur de arte que fue el rey Charles V le Sage, allá por el siglo XIV, quien constituye la primera biblioteca real y la sitúa en el palacio del Louvre en la torre NO, la llamada “tour de la fauconnerie”, que pasó a llamarse “de la libraire”. Según un inventario llevado a cabo en 1373 por Gilles Mallet, responsable de la librairie du roi, había en aquel entonces cerca de mil manuscritos (tratados de gobierno, libros profanos y religiosos).

          Pero aquella antepasada biblioteca fue dispersada bajo Charles VI (1368-1422) y adquirida poco después por el duque de Bedford, por 1.220 libras, que la manda trasladar a Inglaterra. Y bajo Charles VII (1403-[1422-1461]) aquel patrimonio quedó notablemente disminuido.

          Bajo Luis XI (1423-[1461-1483]), la biblioteca real fue reformada y llegó a alcanzar 1890 volúmenes, aumentando sucesivamente y alimentándose de libros provenientes de la colección del duque de Borgoña y de las bibliotecas de Pavía y del rey de Aragón en Nápoles, objeto de expolio por parte de  Charles VIII (1470-[1483-1498]) y Louis XII (1472-[1498-1515]. Trasladada por un momento a Amboise por su predecesor, este último rey la lleva al château de Blois, donde los duques de Blois tenían una biblioteca particular. Y compra también la mayor parte de la biblioteca del bibliófilo conde Louis de Brujas, señor de La Gruthuyse, personaje importante de la corte borgoñona (1427-1492).

Enviada aquella totalidad a Fontainebleau en 1544 por Francisco I (1494-[1515-1547]) -que ya poseía allí una biblioteca desde 1522-, quedaba enriquecido el fondo con textos griegos y orientales (se contaban entonces 109 volúmenes impresos y 1781 manuscritos).

Gestionada ahora por el humanista Guillaume Budé, fue bajo Francisco I cuando se dicta por primera vez Ordenanza real de 28 de diciembre de 1537, según la cual impresores y libreros deberían depositar en la librairie (biblioteca) del château de Blois un ejemplar de cada libro editado en el reino; era el inicio de lo que se llamará dépôt légal.

 Bajo Enrique IV (1553-[1589-1610]), la Biblioteca del Rey vuelve a París en 1595, después de haber sufrido algún quebranto durante las guerras de religión, y tras haberse acrecentado con la biblioteca de Catalina de Médicis (1519-1589). Y fue colocada primero en el collège de Clermont (hoy lycée Louis-le-Grand), para ser trasladada en 1604, temporalmente, al convento de los Cordeliers (en la futura clínica de l’École de Médecine).

En 1622, bajo Luis XIII (1601-[1610-1643]), fue transferida a la próxima rue de la Harpe, detrás de la iglesia Saint Côme, y se renovó entonces aquella Ordenanza de Francisco I que obligaba a los libraires (editores) a depositar, en la Biblioteca del Rey, dos ejemplares de cada libro salido de sus talleres. Contenía entonces 11.000 impresos y 6.000 manuscritos.

          Pero aquel lugar se había vuelto rápidamente insuficiente y, en 1666, ya bajo el reinado de Luis XIV (1638-[1643-1715]), el ministro Colbert ordena situar la Biblioteca real en dos construcciones vecinas de su hôtel de la rue Vivienne compradas a los herederos del poeta Guillaume Bautru, muerto el año anterior. La biblioteca se vió aumentada entonces y en años sucesivos con los importantes fondos de algunas notabilidades (Hippolyte de Béthune, Loménie de Brienne, François R. de Gaignères, los hermanos Dupuy, el erudito Étienne Baluze…), donados unos a la institución –fue el caso del astrónomo Cassini, en 1678-,  o bien adquiridos o confiscados por la justicia real (como sucedió con la biblioteca de Nicolas Fouquet, después de su caída), además de numerosos manuscritos orientales, estampas, medallas y antigüedades.

Es a partir de la gestión de Colbert cuando la Biblioteca conoce su verdadero gran desarrollo. A la muerte del ministro, la Biblioteca real contaba 70.000 volúmenes, alzándose así al primer rango de las grandes bibliotecas reales en Europa.

          Llegó la Regencia, y la gestión del abate Jean-Paul Bignon, nombrado bibliotecario del Rey en 1719, será quien le dé ahora un esplendor no conocido hasta ese momento, gracias a su red de corresponsales por toda la Europa sabia. Fue Bignon quien dividió por primera vez el ingente conjunto en cinco departamentos: Imprimés, Manuscrits, Titres et généalogies, Estampes y Médailles et Pierres gravées.

          En 1721, el regente duque de Orleáns [1715-1722], más de cincuenta años después de su último traslado, ordenaba transferir la Biblioteca -pública desde 1737, si bien con días y horarios muy restringidos-, a los locales de la rue de Richelieu que formaban parte del gran palacio Mazarino (luego llamado hôtel de Nevers). Y a finales de este siglo XVIII, enriquecida considerablemente con incesantes nuevas adquisiciones, la Biblioteca Real contaba con más de 150.000 volúmenes en vísperas de la Revolución. Suprimidos y enseguida vaciados los conventos de sus ingentes depósitos, la totalidad rebasará los 600.000.

Pero la Revolución va a dejar su profundo sello en la Biblioteca, que comienza ahora a denominarse “Bibliothèque Nationale”:

Suprimido en julio de 1790, el Depósito legal será restablecido con carácter voluntario en 1793 y restablecido de nuevo obligatorio en 1810.

          Y el flujo continuó bajo la República y el Imperio, alimentado con los importantes despojos de los emigrados (no únicamente nobles), por no mencionar cuanto los ejércitos de Napoleón podrán afanar por casas nobiliarias, colecciones y conventos extranjeros de Bélgica, Alemania, Paises Bajos, Italia o España (de los que sólo una parte volverá a su originaria ubicación después de 1815.

          Pero el crecimiento continuó a lo largo del siglo XIX, gracias a nuevas e ilustradas donaciones de particulares (como los manuscritos de Victor Hugo), y al celo, igualmente, de la Administración del Estado, contando ya con más de un millón de libros impresos, 80.000 manuscritos, millón y medio de estampas y 100.000 medallas, además de multitud de antigüedades y objetos preciosos provenientes de los tesoros de las abadías de Saint-Denis, Saint-Germain des Près y otras.

Lo cual vendrá pronto a poner, una vez más, de manifiesto la falta de espacio físico para albergar semejante volumen, agrabado, con el tiempo, por la explosión de la producción de libros.

En 1858 –bajo Napoléon III-, una comisión presidida por Prosper Mérimée (el autor de “Colomba” y de “Carmen”,), inspector de monumentos históricos, emite un informe acerca de las modificaciones que deberían introducirse en la organización de la Bibliothèque Impériale –como ahora se llamaba-,  a partir de cuyas conclusiones, el Emperador encarga a Henri Labrouste la reconstrucción de una parte de los edificios que ya venían siendo ocupados. Lo cual se inicia a partir de 1854.

BnF, site Richelieu, sala de lectura Labrouste

Y el nombre de este arquitecto quedará asociado a la típica  sala de lectura en cuya estructura se empleó ya el hierro sistemáticamente.

            Y el medievalista Léopold Delisle, nombrado administrador general, ya bajo la III República, emprenderá la realización del Catalogue général des livres imprimés, ingente tarea que, iniciada en 1874 ¡no concluirá antes de 1981, para las obras entradas antes de 1960!

El número de plazas de lectura se había vuelto igualmente insuficiente, por lo que las salas pasarán también de seis a once, entre 1930 y 1964.

La Biblioteca Nacional no ha dejado de prosperar a lo largo del siglo XX, si bien lo esencial de sus colecciones ha sido transferido a finales de los años ’90 a su magnífico emplazamiento de Tolbiac, para pasar el viejo “site Richelieu-Louvois”, a albergar las colecciones y fondos más especializados (cartas, estampas, fotografías, manuscritos, medallas, numismática…)

Las secciones

En el transcurso de su historia, la Biblioteca Nacional ha sido dividida en varia secciones llamadas, en algunos casos, cabinets:

  • Imprimés: Una medida que ha contribuido mucho al desarrollo del departamento de libros impresos de la Biblioteca, fue la Ordenanza por la que Henri II/Enrique II obligaba a todos los libraires (impresores y editores) a proporcionar a la Biblioteca un ejemplar, en papel vitela y encuadernado, de cuantos libros se imprimieran con privilegio real (si bien no siempre fue observada con el celo necesario, debiendo ser renovada en diversas ocasiones con algunas modificaciones)
  • Manuscrits: La BnF posee 10.000 manuscritos iluminados del medievo. Gabinete formado por los antiguos fondos del rey y de todos aquellos, numerosos, con el nombre de quienes procedían (por compra o donación).
  • Titres et généalogies: Formado inicialmente con una parte del fondo de Gaignières, el departamento vino a acrecentarse con los títulos que legó en 1717 la familia de genealogistas d’Hozier, con una parte también del antiguo fondo real, con los fondos de Baluze y otras colecciones de testamentos a lo largo de los siglos XIII, XIV y XV y posteriores.
  • Estampes et photographies: El gabinete fue iniciado por Luis XIV y por su ministro Colbert quien, en 1667, le compraba al abate Marolles màs de 400 volúmenes con 125.000 grabados. Conserva una colección única, con más de 15 millones de imágenes de muy variada naturaleza (dibujos, cartelería, fotos, tarjetas postales, cartas de juego…)
  • Cartes et collections géographiques: Con un fondo de varias decenas de miles de mapas, fue tardíamente al ministro de Carlos X Martignac a quien le cupo el honor de haber iniciado este departamento, por Ordenanza real de 30 de marzo de 1828. Y destacan aquí, entre otros valiosos depósitos, le mapamundi circular sacado de un manuscrito de Turín considerado del siglo X; otro de la biblioteca de Leipzig del siglo XI; los mapas de Marino Sanuto de 1321; un pequeño mapamundi circular con la firma del rey Charles V, de 1372; el mapamundi del navegante Martin Behaim de 1492; un mapamundi chino del tiempo del emperador Kangxi, de 1676…, además de numerosos mapas árabes, brújulas y publicaciones sobre la materia.
  • Antiques: Departamento particularmente apreciado ya en los tiempos de Charles IX, allá en la segunda mitad del s. XVI, que el conde de Caylus (1692-1765) enriqueció con gran número de antigüedades egipcias, etruscas griegas y romanas. Las piedras grabadas sólo fueron reunidas a la Biblioteca en 1791. Colección de Antigüedades, sin embargo, considerada aquí como accesoria, pues el Louvre posee otra más importante.

Antigüedades y Medallas constituyen hoy un único departamento.

  • Médailles: En el origen de esta sección debemos considerar a Francisco I como el primer rey de Francia coleccionista de medallas y piedras grabadas; tesoro que, por aquel entonces, depositó en Fontainebleau y al que su hijo Enrique II añadió una remesa traída a Francia por su esposa Catalina de Médicis; Carlos IX depositó esa colección en el Louvre, creando incluso un puesto de conservador para esta sección. Por desgracia, el cabinet quedó prácticamente perdido durante los disturbios de la Liga, por lo que  Enrique IV se impuso la tarea de reconstituirlo, si bien sólo será bajo Luis XIV cuando el proyecto venga a tomar nuevo y vigoroso impulso –unido ya a las Antigüedades-, acrecentándose en 1660 con la colección del hermano de Luis XIII Gastón de Orleáns.

          El ministro Colbert trasladará el gabinete, por razones de seguridad, del Louvre a la rue Vivienne (coincidiendo, por estos años ’60, con el mismo traslado a ese conjunto de la Biblioteca real), donde permanecerá hasta 1684, año en que ese departamento fue trasladado a Versalles, por decisión del rey Sol, incrementado ya con nuevas aportaciones (de Séguyn en 1669, y con las piedras grabadas de Lauthier en 1670). Y el rey envía emisarios a Italia, Sicilia, Grecia y paises del Medio Oriente, encargados de comprar medallas y camafeos, hasta hacer de su colección la más importante de Europa.

Pero Luis XV abandona aquella ambición y con ella el interés por la colección misma, que acaba retornando a la Bibliothèque royale de París en 1741, para alojarse en la primera planta del extremo norte del edificio de la Biblioteca en la rue de Richelieu, salón que ocupara la marquesa de Lambert, alquilado en el entonces llamado hôtel de Nevers, en la primera mitad del siglo XVIII. Y se ven en este espacio cuatro medallones “dessus de portes” pintados por Boucher y, en los entrepaños, tres cuadros de Carle Van Loo y tres de Natoire

Vinieron por esos años a incrementar el ya considerable tesoro algunos legados y donaciones, además de nuevas adquisiciones como la que el abate Barthélemy -conservador del gabinete desde 1753 a la Revolución- hizo en 1776 al famoso numismático Jacques Pellerin de 32.000 monedas griegas de la Antigüedad, sin mencionar otras e importantes aportaciones posteriores.

          Las riquezas del Cabinet des Monnaies, médailles et antiques (según su actual denominación), se alojaron en una serie de armarios bajos de ebanistería tallada, colocados sobre grandes veladores, igualmente tallados y recubiertos de mármol. Y en medio de la sala, en un armario de cristal, colocado sobre una amplia mesa de más de 4 m de largo recubierta de mármol, se exponen una infinidad de objetos antiguos constituyendo una serie del mayor interés, con algunos jarrones como el Vase de l’Abbaye de Saint-Denis.

Abierto al público desde su llegada de Versalles, el departamento cuenta con más de 200.000 medallas y más de 3.000 camafeos y otras piedras grabadas, con piezas de primera magnitud como L’Apothéose d’Auguste (llamado también Grand Camée, camafeo en sardonice, que presenta las inusuales dimensiones de 31 x 26 cm, traído de Constantinopla en la época de San Luis y robado, por un momento, con otros valiosos objetos, en 1804), l’Apothéose de Germanicus, la Lutte de Neptune et de Minerve, etc.  Considerado en su conjunto, es el más importante gabinete del mundo.

          Y así, hasta los 14 departamentos con que cuenta actualmente la BnF.

          Y, con la salida del ingente volumen de fondos en dirección al site Tolbiac, ha quedado decidido una importante remodelación de estos prestigiosos locales y construcciones cargados de historia, a fin de presentar en adelante, un amplio y moderno museo cuya apertura estaba prevista para 2021.

          Así fue creciendo la Bibliothèque royale, por no mencionar (a pesar de los grandes esfuerzos de modernización, digitalización, clasificación y conservación de la era contemporánea), los inéditos problemas de gestión que han venido a plantear los nuevos soportes, tanto en lo que a los contenidos textuales se refiere, como en la música y otros materiales audiovisuales, para lo que ha debido crearse un nuevo departement de l’Audiovisuel.

Y acabarán creándose varios anexos en Versalles a partir de 1934 (cerrados ya), y algunos centros técnicos de conservación: uno en Provins en 1981 (cerrado ya) y otros dos, uno en Sablé-sur-Sarthe en 1980 y otros en Bussy-Saint-Georges (Seine-et-Marne).

          Y la conocida como bibliothèque Mazarine, situada en París, en el ala izquierda del palacio del Institut, donada al Estado por el mismo Mazarino y que sería la primera en abrirse al público en 1643, anexionada a la Bibliothèque Nationale (BN) en 1923, volverá  al Institut en 1945. Alberga fondos de carácter enciclopédico.

          La Bibliothèque nationale de France (BnF), heredera de las colecciones reales y una de las más antiguas instituciones culturales de Francia es, hoy día y desde 1994, un organismo público, resultado de la fusion administrativa de la Bibliothèque Nationale (BN), creada legalmente en 1926, y de la Bibliothèque de France BdF, de 1989.

La BnF –decíamos-, uno de los fondos más ricos del mundo, presenta en París sus colecciones y su oferta cultural en dos lugares principales:

  • En el histórico depósito “site Richelieu”, así denominado por estar situado en el 58, rue de Richelieu / 5, rue Vivienne, y que ocupa en adelante, un amplio cuadrilátero que delimitan las calles des Petits Champs, Vivienne, Colbert y Richelieu; lo conforman viejos hôtels como el de Tubeuf (1635), y restos del palacio Mazarino, ellos mismos con diversas rehabilitaciones a través del tiempo.
Biblioteca Nacional de Francia, site Richelieu, sala de lectura Labrouste

BnF, site Richelieu, sala de lectura Labrouste

  • Y en el conocido como “site Tolbiac”, en el Quai François Mauriac de París (XIII distrito de París, orilla izquierda del Sena), más oficialmente denominado “site François Mitterrand”, del nombre de su impulsor -siendo Jack Lang ministro de cultura-. Y es que, aquel 14 de julio de 1988, el presidente de la República anunciaba la construcción de la que sería, probablemente, “una de las más grandes y modernas bibliotecas del mundo”.
Biblioteca Nacional de Francia, site François Mitterrand, esbozo de su arquitecto

BnF, site François Mitterrand, esbozo de su arquitecto

          Este monumental espacio abierto, efectivamente, a partir de diciembre de 1996, adonde han venido la totalidad de los imprimés de la BN (diez millones de vols.), despliega sus servicios en un conjunto creación del arquitecto Dominique Perrault: por un lado, cuatro torres de cristal de 80 m, con 18 niveles para oficinas y almacenamiento -dispuestas en escuadra, a la manera de un libro abierto-, que se yerguen en los ángulos de un amplio zócalo, al que se accede por escalinata que bordea el conjunto, formando arriba una vasta explanada de 6 Ha. Y los espacios para la lectura y consulta se sitúan en el zócalo, subdivididos en dos zonas: una biblioteca accesible a todos los públicos en Hauts-de-jardin, y otra reservada a la investigación en Rez-de-jardin. Todo ello, en un entorno muy logrado de jardin-bosque. Porque el conjunto presenta igualmente una zona ajardinada de 10.000 m2 aproximadamente, no transitable.

Biblioteca Nacional de Francia, site François Mitterrand

BnF, site François Mitterrand

Por debajo de todo ello, existen aún dos niveles de servicios.

Y este site Tolbiac se encuadra en lo que pudiera considerarse un nuevo Quartier latin de la edad contemporánea, dados los diversos establecimientos de enseñanza superior ubicados en las inmediaciones: Université de París-Diderot, École nationale supérieure d’architecture Paris Val-de-Seine, l’École de hautes études en sciences sociales y l’Inalco (Institut national des langues et civilisations orientales).

          La BnF ejerce igualmente su tutela sobre la Bibliotèque de l’Arsenal, existente desde mediados del siglo XVIII y que dispone de un millón de variados documentos (1, rue de Sully, en la zona de la Bastilla) y otros no desdeñables depósitos como la Bibliothèque-musée de l’Opera Garnier, creada bajo el Segundo Imperio (8, rue Scribe, desde 1935) y, fuera de París, la biblioteca de la Maison Jean Vilar (8, rue de Mons, en Aviñón).

APUNTE BIBLIOGRÁFICO

BIBLIOTHÈQUE NATIONALE (FRANCE): Dix siècles du livre: les grands moments de l’esprit français; Bibliothèque Nationale, 1990.
BLASSELLE, Bruno: Bibliothèque nationale de France, l’esprit du lieu; París, Scala, 2001. También, con MELET-SANSON, Jacqueline: La bibliothèque nationale de France: memoire de l’avenir; nueva ed.Gallimard, 2006.
RENOULT, Daniel y MELET-SANSON, Jacqueline: La Bibliothèque nationale de France: collections, services, publics; Ed. du Cercle de la librairie, París, 2001.

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