Surrealismo (Superrealismo) (1924-1969)

            Herederos inconscientes de las Luces como de toda concepción mesiánica del intelectual, el surrealismo, como movimiento literario y artístico, no supuso ni una escuela ni un grupo claramente delimitado; su objeto pretendía ser liberar al hombre de una civilización demasiado opresora y redefinir sus relaciones con el mundo, buscando aprehender la realidad por vías diferentes a las de la conciencia y la razón, derribando la escritura artística y fundando su discurso teórico a partir de las aportaciones del psicoanálisis freudiano, que vino a darles entonces sus principales herramientas. La expresión literaria y artística debería separarse de toda coacción o constreñimiento para expresar lo inesperado, ya sea, entre otras técnicas, por la costumbre de anotar los sueños o a través de la escritura automática bajo el dictado del inconsciente. Sigue leyendo

Cátaros o albigenses (siglos XII y XIII)

          El catarismo (de “catharos” = puro), nombre que parece haber arraigado más que el de albigenses, fue una secta cristiana herética, extendida por el Mediodía de Francia, le Midi, particularmente en el Languedoc, cuya primera atestación data de 1163, pero sus seguidores no se llamaban a sí mismos “puros”. El término “ketter” -peyor. por katte, (alt. alemán = gato)- fue utilizado por primera vez en sus sermones, por un abad de Colonia de nombre Eckbert, hacia 1160 o algo después, para designar a los heréticos renanos. Y, aprovechando la resonancia similar a /kátaro/, aquellos herejes reivindicaron para sí ese vocablo. Nunca los creyentes provenzales o languedocianos se dijeron “cátaros”, sólo “bons hommes”, “bons chrétiens” (de lo que dan testimonio los procesos inquisitoriales). Sigue leyendo

Clasicismo, El – en Francia

            El artículo “Classique” del “Dictionnaire universel” de Furetière (1690) no aludía a los cinco o seis decenios que acababan de terminar, y sólo citaba a autores de la Antigüedad, lo que vendría a probar que, en esos años finales del siglo XVII –crepúsculo cronológico del clasicismo- no se había tenido conciencia de su existencia, en tanto que hecho histórico y cultural francés. Sigue leyendo

Impresionismo, El – (1874-1886)

            Si la palabra crea la cosa, el movimiento pictórico de la segunda mitad del siglo XIX al que llamamos Impresionismo habría nacido el 25 de abril de 1874, el día en que Louis Leroy daba cuenta en Le Charivary de la exposicion que organizaban unos treinta artistas en el antiguo estudio de Nadar. Retomando en tono de burla el titulo de un cuadro de Monet, “Impression, soleil levant”, el crítico reagrupaba a los participantes bajo el neologismo de “impresionistas”. Pero, la palabra circulaba ya en las conversaciones que mantenían en el café Guerbois de Montmartre -no lejos del estudio de Manet en Batignoles-, algunos habituales de l’Académie suisse (Camille Pissarro, Paul Cézanne, Armand Guillaumin) y aquellos alumnos de Charles Gleyre (Frédéric Bazille, Pierre-Auguste Renoir, Claude Monet, Alfred Sisley), cuyo taller frecuentaron entre 1862 y 1863 y que siguieron reuniéndose en la Closerie des Lilas de Montparnasse). Conversaciones referidas menos a la teoria pictórica que a la eficacía práctica, porque, para esos jóvenes, se trataba, ante todo, de exponer, única vía para darse a conocer y tener acceso al mercado del arte. Uno de los mayores en edad, Manet, veía en ello una cuestión vital,  él, cuyo “Déjeuner sur l’herbe”, había sido rechazado por el jurado oficial y suscitado sarcasmos, con ocasión de su presentación en el primer “Salon des refusés” (de los rechazados) que Napoleón III había decretado abrir en 1863. Sigue leyendo

Naturalismo

El nacimiento y destino del Naturalismo son inseparables del propio destino de Zola. Desde 1868, en el prefacio a la segunda edición de Thérèse Raquin, él hablaba ya de “los escritores naturalistas”. Pero será solo diez años después, en la época de la publicación de “l’Assommoir”, cuando se constituya, efectivamente, una escuela naturalista. Y serán rasgos quasi definitorios del movimiento el pesimismo fundamental en la visión de la existencia (que acentuarán aún más la derrota ante Prusia, la pérdida de Alsacia y Lorena, y la Comuna), el determinismo dado por la raza, el medio…, las teorías en voga por entonces acerca de la herencia en las personas, cierta propensión por lo vulgar y lo sórdido, y el interés por la documentaciòn minuciosa sobre el terreno. Sigue leyendo

Existencialismo

El existencialismo es un complejo movimiento filosófico e intelectual que sostiene la preeminencia de la existencia humana sobre la esencia: yo no soy una substancia de la que se desprenderían propiedades (un en-sí), sino un sujeto en situación (un por-si), viviendo y haciéndome. Tal será el punto de partida del existencialismo ateo de Sartre. Lo cual implica la libertad absoluta del hombre, pero también su responsabilidad en el contexto de “la muerte de Dios”, y privilegia experiencias como el sentimiento de la gratuidad inutil de la vida o la angustia, y cuanto nos pone en relación con los demás: la vergüenza, el amor, la sexualidad y, particularmente la mala fe o engaño a nosotros mismos, pour fuir ce qu’on ne peut pas fuir, pour fuir ce qu’on est, para huir de aquello de lo que no podemos huir, de lo que somos (La Nausée de Sartre; L’Étranger de Camus, e incluso alguna primera novela de S. de Beauvoir). Sigue leyendo

Quietismo

La doctrina del “puro amor”, más conocida por “quietismo” puede entenderse en dos sentidos distintos:

  • En sentido amplio es una idea común a la filosofía de la India, al neo-platonismo alejandrino y al misticismo cristiano que pretende elevar al hombre a la pura contemplación de Dios para hacerle capaz de amor puro, y que exige la neutralización de la voluntad personal y la quietud del alma.
  • Pero en el sentido estricto designa una doctrina y un método particular para “hacer oración”, objeto de acerbos debates en el siglo XVII. Método que excluye todo pensamiento distinto que no sea Dios, y toda preocupación personal.

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Jansenismo, El

Fue una doctrina cristiana, emanada del pensamiento del teólogo neerlandés Jansenius (1585-1638). Fenómeno que, de aparente naturaleza estrictamente religiosa (visión pesimista del mundo, considerado como algo absurdo; miseria del hombre sin Dios; rechazo de cualquier optimismo racionalista), pronto iba a adquirir tintes políticos.

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