Normandía

HISTORIA – La región natural de Francia, conocida por Normandía (la tierra de los hombres del norte) es una antigua provincia francesa cuyo territorio correspondía al de la actual Région Normandie. No conoció ninguna unidad hasta la conquista por Roma (56 a.C.), época en la que estaba poblada por pueblos diversos relacionados con Bélgica o con la Galia céltica. Los romanos hicieron de ella en el siglo I la II Lyonnaise (Lyonesa Segunda). Sometida por el franco Clovis (Clodoveo) a principios del siglo VI, iba a ser anexionada a la Neustria, que cubría gran parte del norte de la Galia.

Y será importante, en estas tierras, el ideal monástico que florece particularmente en los siglos VI y VII,  a partir de aquel gran impulso dado por San Benito de Nursia (480-547), San Colomban (540-615) y, sobre todo, desde Roma, por Gregorio el Grande (540-604): Saint- Samson-de-la-Roque (Eure), hacia 545, Jumièges, cerca de Rouen (654),  Fécamp (658), Fontenelle, fundada por San Wandrille en 659.

Pero el territorio iba a ser arrasado por las invasiones del siglo IX, en medio de la creciente debilidad de los carolingios, de los que estos normandos van a obtener el reconocimiento político. A cambio de que cesaran sus destrucciones y saqueos (ellos que incluso habían llegado a asediar París, remontando el Sena, en el invierno 885-886), el rey Carlos el Simple (Charles le Simple), cedía a Rollon, en 911, un territorio en torno a Ruán (Rouen). Y, dueños ya de la Alta Normandía, poco a a poco, Rollon y luego Guillaume I van a ocupar la Baja Normandía, hasta obtener oficial confirmación del ducado en el año 945 (tratado de Gerberoy, entre Louis IV de Francia y el normando Richard I), a cambio de un vasallaje puramente formal. Para luego practicar una política de alianza con los Capetos.

Bajo una administración firme, el país iba a conocer un general desarrollo, mientras la economía resurgía, las antiguas abadias se recuperaban y otras nuevas eran fundadas (Mont Saint-Michel, finales del siglo X, a partir de un oratorio en 709 en aquel “Mont Tombe”).

A pesar de algunas revueltas, como las que perturbaron los primeros años del reinado de Guillermo el Conquistador (Guillaume le Conquérant, 1027-1087), el feudalismo va a organizarse de manera casi perfecta, al servicio del poder central, y los normandos estarán en disposición de conquistar Inglaterra.

Guillermo era hijo bastardo del duque de Normandia Robert I, llamado “el Magnífico” (1010-[1027-1035]), y de una joven campesina de Falaise. Su padre le aseguró la sucesión, pero únicamente la conseguirá después de una ardua lucha contra los barones, que no aceptaban someterse a su autoridad. Sólo triunfó de aquellas resistencias en 1047.

Deseoso de acceder al trono de Inglaterra, parece que ya desde 1051 había conseguido hacerse designar como heredero por su primo el rey Eduardo el Confesor (más preocupado por su salvación eterna que por el reino), que luego vino a desdecirse.

Habiéndose apoderado del conde anglosajón Harold, naufragado en las costas normandas en 1064, sólo aceptó liberarlo después de haber obtenido su promesa de que le apoyaría en sus pretensiones. Pero, a la muerte de Eduardo en enero de 1066, el mismo Harold se apoderó de la corona.

El normando reunió entonces un ejército heteróclito de apenas 6.000 hs. consiguió el apoyo moral del papa y del emperador Enrique IV y, desembarcando en Pevensey (Sussex), el 29 de septiembre de ese mismo año, derrotó a Harold en Hasting el 14 de octubre, y se hizo coronar rey en Westminster, el 25 de diciembre de 1066. La conquista del resto de Inglaterra le exigirá aún cinco años de enérgica lucha. Despojó a los barones sajones de sus dominios con los que premió a sus guerreros, colocó a normandos a la cabeza de numerosos obispados ingleses, aniquiló numerosas conspiraciones y forzó al escocés Malcolm III a rendirle pleitesía en 1072.

Su actuación en adelante, forma parte de la historia de Inglaterra, hasta su muerte en 1087, tras la que dejaba una monarquía fuerte y habiendo convertido al estado anglo-normando en el más poderoso y mejor organizado de Europa occidental.

Pero Guillermo el Conquistador hubo de hacer frente, a partir de 1078,  a la rebelión de su propio hijo el turbulento Robert Courteheuse, que será un día el duque Robert II de Normandía, al que apoyaba el rey de Francia Philippe I (Felipe Iº). Y fue en el transcurso de una operación emprendida en respuesta a incursiones francesas, como fue herido mortalmente en Mantes y llevado a Rouen, donde murió. Le dejaba Inglaterra a su tercer hijo –muerto ya el segundo, Richard-, que reinará bajo el nombre de Guillermo II.

La autoridad en el ducado será reconstituida por Henri I Beauclerc (ya rey de Inglaterra), hijo también del Conquistador. Y Normandía pasó, al mismo tiempo que Inglaterra, a la dinastía de los Plantagenêts (siglo XII).

Hacia ya un tiempo que el ducado de Normandía venía preocupando a los reyes de Francia (guerra de 1109 a 1113). A partir del siglo XIII, el rey Philippe II Auguste, después de haber fracasado en su intento de apoderarse de la provincia con Richard Coeur de Lion (Ricardo Corazón de León, en rebelión contra su padre en 1189 y que será rey de Inglaterra ese mismo año), consiguió de Jean Sans Terre (Juan Sin Tierra) la renovación del vasallaje en 1193, hasta llegar a Enrique III de Inglaterra, que hubo de renunciar a la posesión de Normandía en 1259, reinando en Francia Louis IX.

El ducado conservó, no obstante, cierta independencia y, con sus repetidas rebeliones, obligó al rey de Francia Louis X le Hutin (el Testarudo), a conceder a los normandos una Carta en 1315 –confirmada en 1339-, cuyas cláusulas iban a permanecer en vigor hasta el siglo XVII: disponía de Estados provinciales y, ya desde finales del siglo XI, de una jurisdicción especial, l’Échiquier, que aplicaba el derecho consuetudinario de aquellas tierras y tenía competencias en materias monetarias y fiscales; convertido en parlamento en 1515, con los mismos privilegios del de París.

Provincia fronteriza y estratégica, la guerra de los Cien Años (1337-1453) vino a hacer de estas tierras normandas uno de sus principales campos de batalla, y a provocar su devolución a Inglaterra, entre 1417 y 1450.

Sólo en abril de 1450 el rey de Francia Charles VII pudo recobrar el territorio por la victoria de Formigny, pero hubo de confirmar sus libertades.

Su hijo Luis XI, después de haber reprimido la coalición feudal de la Ligue du Bien public (1465), declarará la provincia solidaria del dominio real (1468) para suprimir el ducado en 1469. Y así entraba Normandía definitiva y plenamente en el seno de Francia.

La recuperación de la vieja provincia para la corona de Francia iba a traer consigo un largo restablecimiento económico hasta la segunda mitad del siglo XVI, truncado entonces por las guerras de religión (1562-1598); porque en Normandía la Reforma calvinista había encontrado particular eco. Sin embargo, a pesar de la notable emigración que la revocación del Edicto de Nantes (1685) provocó, el núcleo protestante iba a subsistir, y el siglo XVII se saldará con una gran prosperidad (desarrollo de la industria textil en Rouen, Elbeuf, y Cotentin, loza y azulejos, fundición) en contraste con la miseria de la primera mitad de ese  siglo, de la que la révolte des va-nus-pieds, o rebelión de los desheredados (1639), había dado testimonio.

En el siglo XVIII prosiguió el desenvolvimiento económico con el florecimiento del comercio marítimo, mientras iba tomando auge la transformación agrícola del territorio hacia la cría de ganado.

Fue la Revolución francesa la que acabó dándole el golpe de gracia al particularismo local -con la supresión del derecho consuetudiario y la división del territorio en cinco departamentos- cuya última expresión fue, probablemente, la insurrección general girondina contra Robespierre y el centralismo jacobino (1793).

A partir del siglo XIX, Normandía conoce un desarrollo económico y cultural considerable, impulsado por la revolución industrial, el desarrollo de la ganadería bovina, la aparición de una incipiente actividad turística con los bains de mer, y la presencia aquí de numerosos escritores y artístas (Flaubert, Maupassant, Monet…).

La crisis política y económica de los años 30 del siglo XX romperán esa dinámica. Ocupada por los alemanes –como el resto de Francia-, y teatro del desembarco de los Aliados, la región pagará fuerte tributo a la erradicación del nazismo en la zona, con decenas de miles de civiles muertos y ciudades y pueblos arrasados.

Si el clima húmedo supone un elemento de unidad física, Normandía es, sin embargo, tierra de diversidad, y sus cinco departamentos: Manche, Calvados, Orne, Eure y Seine-Maritime presentan múltiples facetas. Y se extiende sobre dos conjuntos geológicos diferentes: el borde occidental de la Cuenca de Paris (terrenos sedimentarios) y el Macizo Armoricano.

BAJA NORMANDÍA

Cubre el O. y el Centro de la antigua provincia. Aquí, el clima oceánico húmedo favorece la vegetación. Las precipitaciones (723 mm/año en Caen) aumenta en las colinas (hasta más de 1 200 mm) donde los inviernos, moderados en otros lugares, se hacen algo más rigurosos. Los veranos son frescos, con cielos sometidos todo el año a las depresiones ciclónicas.

            En otros tiempos relativamente densa (7% de la población francesa en 1700; 5% en 1801) y modelo de civilización rural organizada en torno a burgos-mercados, la Baja Normandía presentaba un artesanado especializado, como la ferretería y calderería de Villedieu-les-Poêles (Manche). Pero reaccionó insuficientemente ante el choque de la revolución industrial. Emigración y descenso de la natalidad hicieron que su población bajara de 1 550 000 hbs. en 1826, a 1 086 000 hbs. en 1920. A pesar de un cambio de tendencia durante la segunda mitad del siglo XX, su peso demográfico relativo continúa decreciendo; sólo el Calvados reagrupa más del 40% de los habitantes de la región. La Baja Normandía acoge a jubilados que vienen a instalarse en los municipios rurales o a orillas del mar (Deauville, Trouville…), lo cual contribuye al envejecimiento de la población.

            Agricultura e industria – La agricultura de la Baja Normandía, presenta una fuerte especialización en la cría de ganado. Una cabaña de 1,7 millones de cabezas de bovino, 24 millones de hl. de leche por año no pueden ocultar las dificultades estructurales del sector. Pequeñas dimensiones de las explotaciones, a menudo familiares, y productividad insuficiente explican que los ingresos agrícolas sean todavía ¼ inferiores a la media nacional, en un contexto de sobreproducción lechera, según la PAC de la UE. La imagen de la región continúa asociada a algunas especialidades gastronómicas tradicionales: bebidas (“calvados” y sidra), y quesos (camembert, livarot, pont-l’évêque).

            Eran famosos en otro tiempo los robustos caballos de tiro que se criaban en la región del Perche, entre los departamentos del Orne, Eure y Sarthe, los conocidos “percherones”, cría hoy abandonada en beneficio del bovino.

            La Baja Normandía ha sabido dotarse, desde los años 1960 de una poderosa industria agroalimentaria, especializada en la carne y en los productos lácteos (Nestlé). Y pudo beneficiar, desde los mismos años, de numerosas implantaciones de fábricas (venidas algunas de la región parisiense): Peugeot-Citroën, Renault, cerca de Caen. Las industrias relacionadas con la energía nuclear (fábrica de tratamiento de residuos radioactivos de la Hague y central nuclear de Flamanville), y con la construcción naval militar (Cherbourg) representan actividades de importancia nacional. La industria representa hoy el 23,3% del empleo regional.

            Actividades terciarias y urbanización – A pesar del esfuerzo por desarrollar las actividades terciarias y de investigación en torno a la universidad de Caen, el sector servicios acusa un ligero retraso, si bien la actividad turística se desarrolla, sobre todo, en el Calvados donde los centros balnearios se han dotado de importantes equipamientos de deporte, ocio y alojamiento (Deauville, Cabourg, Ouistreham), como también en torno al Mont-Saint-Michel, elemento del patrimonio cultural mundial que atrae a más de  2,5 millones de personas al año; y están las playas “del Desembarco” (Cotentin, Calvados, desde Utah Beach a Cabourg), que crean un turismo específico. Y en las colinas del Perche, asi como cerca de las costas de la Mancha se concentran las segundas residencias de muchos parisienses.

            La región se halla moderadamente urbanizada. Aquí la estructura del bocage va pareja con un habitat disperso y un desmenuzamiento de muy pequeños municipios. Caen, única ciudad importante con su aglomeración cercana a los 200 000 hbs., domina un tejido urbano de ciudades medias: Lisieux, Trouville, Bayeux y, algo más lejos, Saint-Lô. Las únicas ciudades del Orne por encima de los 20 000 hbs. Alençon y Flers sólo ejercen su influencia sobre sus inmediaciones, y al N. del Cotentin,  Cherbours aparece aislada.

ALTA NORMANDÍA

Se presenta con una altitud  de 150/200 m, a ambas márgenes del Sena inferior, con meandros bien encajados. El “pays de Caux” cae en abruptos acantilados, de una altura de 70 a 100 m, sobre playas pedregosas (Étretat). Las gravas de las terrazas aluviales y la arcilla de silex de las mesetas explican la extensión de los bosques de hayas y robles; y los suelos limosos, a ambas márgenes del Sena, desde Dieppe a Evreux, desde Le Havre a Lyons, favorables a la agricultura, están en el origen de los terrenos, variados y de calidad, más parecidos a las llanuras de Île-de-France, que al paisaje de bocage de Baja Normandía.

            Aquí, el clima oceánico, con precipitaciones decrecientes desde la costa (1 000 mm/año) al interior (600 mm) es templado en invierno, pero fresco y húmedo en verano.

            Polo de actividad económica tradicionalmente poblado (más de 1 000 000 de hbs. en 1800), es la única zona de la cuenca de París (bassin parisien) que el en siglo XIX sacó partido del crecimiento de la capital del país. Y esa situación continúa. El departamento del Eure (421 000 hbs. en 1968; 540 000 en 1999), aporta lo esencial de ese crecimiento, cuando la Seine maritime mantiene una población estancada (1 237 000, desde 1968).

Agricultura e industria –Especializada en la remolacha azucarera (1,6 millones de tns.), el trigo (2,2 millones de tns.) y la cría de ganado bovino (630 000 cabezas), la Alta Normandía presenta un equilibrio entre cultivos y ganadería.

Es el curso inferior del río Sena, el que, por la importancia de su tráfico portuario, sostiene la actividad económica e industrial. Por el puerto marítimo de Le Havre (1º de contenedores de Francia y el 5º del norte de Europa para las mercancias, sobre todo con destino a las Islas Británicas e Irlanda) y por el puerto fluvial de Rouen (1er puerto europeo de exportación de cereales) pasa la tercera parte del tráfico fluvial nacional. Dieppe (1,7 millones de tns. y 290 000 pasajeros) viene a completar toda esa actividad de cara al mar. Y ese tráfico está en la base de una importante industria refinera de petróleo, de química y de petroquímica. La construcción naval de Le Havre ha desaparecido por falta de competitividad. Pero se mantienen algunas industrias tradicionales: pasta de papel para los periódicos regionales, agroalimentación, transformación de la madera, vidrieras en el valle del Bresle (en los límites de Normandía con Picardía). Y muchos laboratorios farmacéuticos. La industria del automovil (Renault en Sandouville –apenas 20 km al E. de Le Havre-, y en Cléon -15 km al S. de Rouen, encajado en un meandro del Sena-), ha venido a sustituir a sectores en declive, como los hilados de algodón.

Sector terciario y urbanización – Las actividades terciarias aparecen esencialmente especializadas en el comercio. El turismo regional no parece muy desarrollado, con estructuras de acogida concentradas en unas pocas estaciones balnearias tradicionales (Étretat, Le Tréport). Y ello, a pesar de los encomios y la frecuentación de pintores como Eugène Boudin y Claude Monet, cuyo jardín de Giverny (dep. del Eure) ha conservado sus nenúfares.

Más allá del industrioso eje del Sena, el parque regional de Boucles de la Seine Normande, a partir de un bosque natural de hayas y de robles de 7 500 ha, encerrado en un meandro del río, cubre 50 000 ha, en las inmediaciones del puente de Tancarville y engloba a 50 pequeños municipios, entre los dep. de Eure y Seine-Maritime, extendiendo su protección sobre las mesetas del pays de Caux (margen derecha) y la vasta zona húmeda del cercano Marais Vernier (margen izquierda, Eure)

            Eje de actividad y de circulación intensa, el curso inferior del Sena aparece hoy más como una prolongación al funcionamiento de París que como un foco estructurante de su propia región. La circulación E.-O. prevalece sobre los enlaces N.-S. (sólo tres puentes permiten cruzar el Sena, aguas abajo de Rouen: el de Tancarville, desde 1959; el de Brotonne, desde 1977; y el de Normandía, desde 1994, de 2,2 km, entre Honfleur y la zona industrial de Le Havre). Dicho eje fluvial, al que se añade la autopista A13 (París, Rouen, Caen), organiza una red urbana bipolar: Rouen, como capital regional (cuya conurbación rebasa los 400 000 hbs.), con su satélite Elbeuf; y Le Havre que interactúa sólo con su entorno.

            Las localidades medias son, o bien pequeños puertos algo aislados (Dieppe, Fécamp), o, en el dep. del Eure, satélites como Evreux y Vernon, ya en la órbita de atracción de la potente región parisiense, a menos de una hora por la autopista.

APUNTE BIBLIOGRÁFICO

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En español

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