Revolución de 1830

            Se conoce con este nombre la insurrección de los días 27, 28 y 29 de julio de 1830 (“les Trois Glorieuses”), que puso fin al reinado de Carlos X y al régimen de los Borbones restaurados, y abrió la via a la Monarquía de Julio.

            Después de una recuperación económica y financiera a principios de la Restauración, con dos grandes gestores como habían sido el duque de Richelieu y Villèle, la situación se había deteriorado de nuevo en 1826 y 1827, acompañada, est vez, de una crisis política.

            La sustitución del moderado Martignac por el gabinete del autoritario Polignac vino, paradógicamente, a reforzar en la opinión pública a la oposición liberal. Después del discurso del trono del 2 de marzo de 1830, la petición reivindicativa (adresse) por la que 221 diputados expresaban su desconfianza al rey, el 18 de marzo siguiente, y le recordaban los derechos de la Cámara, ponía en evidencia el alejamiento entre la corona y los representantes de la nación; pero Carlos X, lejos de tomar nota de la situación, decidió disolver el parlamento el 16 de mayo siguiente. Él mismo, en Consejo de ministros, había declarado, acordándose de los comienzos de la revolución de 1789 y de la infeliz suerte de Luis XVI: “El primer retroceso que hizo mi desgraciado hermano fue el principio de su perdición (…). Si yo cediese a sus exigencias, acabarían tratándonos como trataron a mi hermano”.

Revolución 1830. Refriega en la Porte St.-Denis – 28 de julio (Hippolyte Le Comte)

            Pero, con ocasión de las elecciones del 3 de julio que siguieron, la mayoría liberal se vio aún más consolidada.
Frente a esa oposición, convencido de su propia popularidad que la victoria de Argel (4 de julio) ha debido de venir incluso a reforzar –pensaba él-, Carlos X y su gobierno, después de que el prefecto les ha asegurado que París no se iba a mover, redactan las Ordenanzas del 25 de julio (que, de hecho, fueron en número de seis), apelando, algo forzadamente, al art. 14 de la Carta. En virttud de dichas ordenanzas,

  • Las elecciones quedaban anuladas.
  • Se modificaba la ley electoral, disminuyendo el número de electores.
  • Se convocaban nuevas elecciones para los días 6 y 13 de septiembre siguientes.
  • Se suprimía totalmente la libertad de prensa: ningún periodico ni folleto podría aparecer libremente.

            A última hora de ese domingo 25, el ministro de Justicia Chantelauze (Garde des Sceaux), le entregaba las Ordenanzas al redactor-jefe del diario Le Moniteur (que entonces actuaba como Journal Officiel) para su publicación.
Desde el día siguiente lunes 26 de julio, algunos periodistas de la oposición denuncian la ilegalidad de las ordenanzas y afirman que el reinado de la fuerza ha comenzado. Fueron, sobre todo, en Le National (órgano fundado a principios de este año bajo el patrocinio de Talleyrand), Adolphe Thiers, joven periodista con gran futuro, que redactó una protesta, Auguste Mignet y Armand Carrel.
El 27, los periódicos prohibidos deciden salir a la calle unánimemente, pero son secuestrados por orden del gobierno; y, cuando la policía llega con la intención de romper las prensas, tienen lugar graves incidentes.
La insurrección estalla a partir de los medios estudiantiles de facultad y de los obreros tipógrafos, que se veían así reducidos al paro, y los reducidos focos se extienden ahora rápidamente, mientras los sectores industriales y negociantes de la banca y el comercio favorecen la agitación, dando jornada libre a sus obreros y empleados.
Ese día, París presentaba ya un aspecto revolucionario, y empezaban a verse barricadas en algunas calles.

Revolución de 1830 – La liberté guidant le peuple. Delacroix

            Bajo el mando del impopular Marmont, las insuficientes tropas gubernamentales fueron enseguida rebasadas por los insurrectos, los cuales, a partir de los arrabales del nordeste de París, y en particular del faubourg Saint-Antoine, se dirigían hacia el Ayuntamiento (Hôtel-de-Ville), y hacia el Louvre y las Tullerías. Y en las estrechas calles de la Capital, las barricadas volvían a formarse por detrás de las tropas.
El 29 de julio, Marmont hubo de replegarse hacia las Tullerías, para abandonar luego la Capital. Era el duque de Ragusa, mariscal que había sido con Napoleón, el vencido de los Arapiles (Salamanca) en 1812, y el primero en haberse pasado a los Borbones que le hicieron Par de Francia.
Los diputados de la oposición, entretanto, vacilantes al principio, habían acabado por hacer causa común con el elemento popular; pero, el 29 de julio, los sublevados parisienses reclamaban ya la República, y el temor a una victoria de la calle que viniera a consolidar un régimen “democrático” (extrema-izquierda), de muy negativo recuerdo, remontando la memoria cuarenta años atrás, va a conducir a la mayoría de aquellos liberales, representantes de la burguesía industrial, de los negocios y de la banca, a optar por la solución del orden y a llamar a Luis-Felipe, hijo de Louis-Philippe Joseph de Orleáns, Philippe Égalité, que había terminado en la guillotina, despues de haber cohabitado, en mortal contubernio, con “la Montaña”
Luis-Felipe fue recibido en el Hôtel-de-Ville por La Fayette, aquel al que llamaban “el héroe de los dos mundos”, en alusión a su antigua participación en la independencia americana y a su protagonismo en los primeros tiempos de la Revolución de 1789.
Tal fue el resultado de esas tres jornadas que los vencedores llamarán, en adelante “les Trois Glorieuses”, inmortalizadas por Eugène Delacroix en su “la Liberté guidant le peuple” de este año.

            Mientras esto sucedía, Carlos X, que se encontraba entonces en Saint-Cloud, se acababa de trasladar a Rambouillet y, amenazado por una ofensiva de los parisienses, se dejó convencer para abandonar el país. Después de haber retirado las Ordenanzas, decidió abdicar en favor de su nieto el duque de Burdeos, conde de Chambord (de nueve años entonces, que será llamado Henri V), declarando aceptar el nombramiento del duque de Orleáns como lieutenant-général du royaume (lo será desde el 31 de julio, durante unos días) y sólo regente del reino.

            Pero, hombre siempre de penacho y vanagloria, venido del fenecido Versalles, quiso irse como rey, cruzando todo el oeste de Francia con la bandera blanca desplegada y su casa militar formada con uniforme de gala. Todo lentamente, como arrastrando los pies y queriendo ver el curso de los inmediatos acontecimientos, y escoltado por Marmont, ante de tomar este mismo el camino del exilio.
Finalmente, el derrocado Carlos X, hermano del guillotinado Luis XVI y del restaurado Luis XVIII embarcaba en Cherbourg el 16 de agosto de 1830. Morirá en Venecia seis años después.

Polignac, detenido cuando intentaba pasar a Inglaterra, hubo de comparecer ante la Cámara de los Pares –competente para juzgarlo-, y condenado a cadena perpetua, a la caducidad de sus títulos y a la inhabilitación total (mort civile). Será amnistiado en 1836.

            Y fue así como el régimen de la Restauración, que no había podido o sabido arriagar sólidamente en el país, caía víctima de una insurrección popular parisiense. Por primera vez, desde la Revolución de 1789, la burguesía y el pueblo habían unido sus rencores contra un gobierno que amenazaba las libertades que la Carta había prometido y que, efectivamente, habia traído, después de la dictadura despótica de Napoleón escamoteada por la “gloria” de las victorias imperialistas por toda Europa. Las ruinas dejadas por el Imperio habían ido siendo restauradas también por buenos administradores, y los ministros de finanzas de la Restauración, Villèle en particular,  tuvieron el mérito de establecer los grandes reglamentos de la contabilidad pública que permiten gestionar saneadamente el presupuesto de un Estado moderno.
Pero una crisis económica nacida en 1827 (que sólo concluirá en 1832) había venido a reforzar el descontento del mundo productivo de patrones y asalariados.
Durante esos quince años (1814/15-1830), un régimen constitucional había funcionado en Francia. Algunos rasgos del régimen parlamentario, no previstos en la Carta Otorgada, como la dimisión de un ministerio colocado en minoría por las Cámaras, y el control del gasto público habian ido arraigando. Fue por haber ignorado o desdeñado esos aspectos por lo que Carlos X cayó.

APUNTE BIBLIOGRÁFICO

BERTIER DE SAUVIGNY, Guillaume: La révolution de 1830 en France; París, Armand Colin, 1970.
CARON, Jean-Claude: Trois jours qui ébranlèrent la monarchie; Larousse, 2009.
CASTRON, Michel Bernard: La deuxième révolution française, juillet 1830; París, Éditions Artena, 2005.
DEMIER, Francis: La liberté guidant le peuple: un tableau, les Trois Glorieuses de 1830; Paris, Hatier, 2014.
GUIZOT, François; La révolution de 1830 (a partir de la edición original); Clermont-Ferrand, Paleo, 2003.
HERVÉ, Gisèle: Casimir Périer; París, Alinéa Developpement, 1997.
LOUESSARD, Laurent; La révolution de 1830; París, “Spartacus”, 1990.
TULARD, Jean: Les révolutions, de 1789 à 1851; Fayard, 1989. 

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