Berlioz, Hector (1803-1869)

            Louis Hector Berlioz nació en La Côte Saint-André (Isère), el 11 de diciembre de 1803, en el seno de una familia culta. Su padre, Louis Joseph Berlioz, con veintisiete años, notable local, ha contraído matrimonio, en febrero anterior, con Joséphine Marmion, seis años más joven. Médico de formación e imbuido de las ideas del siglo que acaba de fenecer, atiende gratuitamente a los pobres y vive sobre todo de las rentas de sus viñas y de sus tierras. Cuando, en 1811, Napoléon decide cerrar el pequeño seminario que aseguraba la primera instrucción a los niños de la comarca, él asume la educación de su hijo. Y hacia 1815 el adolescente Hector empieza a tomar sus primeros rudimentos de música

En 1821 se traslada a París con la intención de comenzar estudios de medicina, que acaba abandonando para entrar en el Conservatorio y comenzar a estudiar ya seriamente a partir de 1823. Y el entusiasmo que entonces sentía por Virgilio, Shakespeare y Goethe, Beethoven y Weber, supo conjugarse en él con su aplicación en recibir la enseñanza de dos eminentes maestros: el ya por entonces sexagenario Jean-François Lesueur, muy apreciado bajo el Imperio, y el checo afincado en París Antonin Reicha.

Berlioz

De esta época datan sus primeras obras: “Ouverture des Francs-Juges” (1828), “Huit Scènes de Faust” (1829), “Sardanapale”, cantata por la cual obtuvo en 1830 –después de algún fracaso anterior-, el Grand Prix de Rome, y, sobre todo, ese éxito precoz que constituye su primera obra maestra, la “Symphonie fantastique”, en cinco partes (1830), que le inspira Harriett Smithson actriz británica que por esos años triunfaba en París y con la que ha iniciado un idilio amoroso, después de haber roto las relaciones que venía manteniendo con una joven pianista, Camille Moke.

            La Symphonie desarrolla la agitada pesadilla que sufre un joven músico de enfermiza sensibilidad e imaginación ardiente, el cual decide quitarse la vida por aflicciones de amor, envenenándose con opio; pero la dosis ha sido insuficiente y a su mente en delirio acuden las más extrañas y agitadas visiones.

            Por su riqueza orquestal, su invención melódica y sus audacias rítmicas y armónicas, la obra va a representar, una de las prestigiosas cumbres de la música romántica, ¡tan cercano su autor a Victor Hugo y al cenáculo!

            Habiendo residido en la Villa Médicis durante el período 1831-1832, a su regreso de Italia se instala en Montmartre, contrae matrimonio en 1833 con Harriett, y en agosto del año siguiente nacerá su hijo Louis.

A pesar del éxito que obtuvo su sinfonía “Harold en Italie” en cuatro movimientos (compuesta en 1834 a instancias, inicialmente, de Paganini), su carrera de crítico musical en el Journal des Débats y en otros periódicos iba a ser, durante el resto de su vida, su principal fuente de ingresos (1835-1869).

Enfrentándose ya a numerosas dificultades materiales y a pesar de la hostilidad declarada de la crítica y los sarcasmos de una gran parte del público, Berlioz prosigue su actividad de compositor: Primero con un encargo oficial para honrar la memoria de las víctimas de la revolución de 1830, la gran misa de Muertos “Requiem” (1837), espectacular culminación de los rasgos romanticos por el considerable desarrollo del número de instrumentos y de los medios expresivos.

Y luego la ópera “Benvenuto Cellini” (1838), y la sinfonía dramática “Roméo et Juliette” (basada en Shakespeare, con libreto libre de É. Deschamps), que ejecuta públicamente en noviembre de  1839.

Si bien el Requiem, obra grandiosa y visionaria, conoció el éxito, de las dos últimas obras, a pesar de su abundante riqueza orquestal y vocal,  hubiera esperado su autor mejor acogida,.

            Entretanto Berlioz había sido nombrado subbibliotecario del Conservatorio, y allí pudo recibir en 1838 el público homenaje de Paganini, y el gobierno del rey Luis Felipe le nombró chevalier de la Legión de Honor en 1839 (posteriormente será officier)

            Concluida la década que, en perspectiva, se revelará como la más fecunda de su carrera, en 1840 compone la “Grande Symphonie funèbre et triomphale” (su cuarta y última sinfonía, en tres movimientos: Marche funèbre, Oraison funèbre, Apothéose), que el ministerio del Interior le ha encargado para celebrar el décimo aniversario de la revolución de Julio; pero la obra tuvo la mala fortuna de ser presentada al aire libre, en la plaza de la Bastilla de París, cuya columna se inauguraba.

            Su vida conyugal se había hecho insostenible con el correr del tiempo y Berlioz acabó trasladándose a Bélgica en 1842 en compañía de una cantante española, María Recio, con la que, ya fallecida su primera mujer en 1854, acabará casándose. Y fue para bien, porque así comenzaba para Berlioz una carrera musical por toda Europa como director de orquesta (Alemania, Austria, Europa central, Rusia e Inglaterra), que incluirá, hasta 1867, giras anuales, triunfales algunas y otras insatisfactorias. Y durante estos años, Berlioz podrá contar con la amistad y el apoyo de Mendelshon, Wagner, Meyerbeer y Liszt, así como del entusiasmo del público en Berlin, Weimar, Viena, Praga o San Petersburgo.

            Pero la indiferencia con que París acoge en 1846 su leyenda dramática “La Damnation de Faust” (en cuatro actos, a partir de un arreglo de su “Huit Scènes de Faust”), le afecta profundamente; porque la obra era dramáticamente potente y diversa, y algunas de las melodías y canciones que contiene se han hecho célebres “Desde un punto de vista musical, Francia es un país de cretinos ­-le escribirá amargamente, en marzo de 1848, a Joseph d’Ortigue-, habría que ser muy patriotero para no reconocerlo”. Será únicamente después de sus muerte, cuando la obra tendrá el merecido reconocimiento.

            Ya muerto su padre en julio de 1848, vendrán el fracaso de la Grande Société Philarmonique de Paris que él habia fundado con mucho sacrificio personal de tiempo y esfuerzos (1849-1851), y los éxitos sin efectos posteriores del oratorio en tres partes  “L’Enfance du Christ” (dic. de 1854), del “Te Deum” (1855), de la ópera-cómica “Béatrix et Bénédict” (creada en Baden-Baden en 1862 e inspirada en “Mucho ruido por nada” de Shakespeare); y también de su tragedia lírica “Les Troyens à Carthage”, díptico en cinco actos, de la que sólo la segunda parte será ejecutada en París en 1863.

En un contexto en que dos corrientes dominaban la ópera francesa de mediados del siglo XIX -el historicista Meyerbeer y Rossini-, tanto su Benvenuto Cellini de un cuarto de siglo antes, como estos Troyens de ahora no contribuían a asentar a Berlioz como un autor lírico dramático.

            En 1862 pierde a su mujer María Berlioz-Recio, y su hijo Luis morirá en La Habana en 1867 de fiebre amarilla. El dolor de ver cómo desaparecían los suyos, uno tras otro, y el desgaste de un combate del que no veía el final, acabó por minar su salud.

            Después de un último viaje musical por Rusia el año anterior (San Petersburgo, Moscú), donde había sido acogido con el mismo rendido interés que veinte años antes, Berlioz sufría una congestión cerebral en Niza en 1868 y, físicamente muy disminuido, pudo ser acompañado hasta París. Todavía hizo un postrero viaje a Grenoble en el verano, pero, ya de regreso, todo denotaba una degradación irreversible en su salud. El 8 de marzo de 1869, moría en su domicilio del 4, rue de Calais; y el 11 tenían lugar los funerales en la iglesia de la Trinidad. Está enterrado en el cementerio de Montmartre, al lado de sus dos esposas. Pero el Panthéon de la montagne Sainte-Geneviève ha desaprovechado el bicentenario de su nacimiento sin haber acogido en su seno a este francés ilustre.

Había sido elegido miembro del Institut en 1856. Y en su casa natal de la Côte Saint-André existe un Museo en su memoria.

                Además de oberturas (“Waverley”, 1828; “Les Francs-Juges”, 1828; “Le Roi Lear”, 1834; “Benvenuto Cellini”, 1844; “Carnaval romain”, 1844; “Le Corsaire”, 1855; “Béatrix et Bénédict”, 1862), Berlioz compuso también melodías (“Nuits d’été”, 1834-1841) y una armonización de “La Marsellesa” (1830). También es el autor de los recitativos del “Freischütz” de Weber (1841), y preparó la reposición de dos óperas de Glück, “Orphée” (1859) y “Alceste” (1861)

Y en tanto que teórico, Berlioz publicó un “Traité d’instrumentation et d’orchestration”(1844).

Viajero y crítico, también escribió “Voyage musical en Allemagne et en Italie” (1844), “Les Soirées de l’orchestre” (1852), “Les Grotesques de la musique” (1859), “Á travers chants” (1861).

Y ha dejado unas Mémorias, publicadas al año de su fallecimiento.

            Considerado durante mucho tiempo, e incluso en su propio país, como un excéntrico de la música, Berlioz aparece hoy como el creador de un universo sonoro inaudito. Melodista de inspiración siempre abundante, renovador de la armonía, inventó un estilo polifónico cuya influencia se ha ejercido hasta nuestros días.

APUNTE BIBLIOGRÁFICO

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En español

GARCIA REVILLA, Enrique: La estética musical de Hector Berlioz, a través de sus textos; Valencia, PUV, 2013.
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