Journée des dupes (10/11 de noviembre, 1630)

          Se da el nombre de “Journée des dupes”, o día del chasco, a aquella jornada marcada por el fracaso del complot que venían fomentando el llamado “partido devoto” y María de Médicis, madre de Luis XIII contra el cardenal de Richelieu.

          Durante la guerra de Mantua (1627), María de Médicis detentora de un poder del que no gozaba desde el final de la regencia (1610-1617), aprovechó el decaímiento en que se encontraba el rey, postrado en Lyon, para hacerle prometer que despediría a su todopoderoso ministro, cuando concluyera la guerra. Ya su médico personal y el jesuíta padre Suffren, confesor de la reina madre, consideraban cercana su muerte.

El rey se recuperó y la paz fue firmada el 13 de octubre de 1629; pero Luis XIII, ya repuesto, no manifestaba señales de que se dispusiese a llevar a efecto lo prometido, ni daba pruebas de descontento hacia su valido. María de Médicis quiso recordarle, entonces, aquella promesa de Lyon que les había hecho a ella, a su hermano Gastón de Orleáns y a su esposa Ana de Austria.

Es entonces cuando la reina madre se alía al partido devoto que dirigen los hermanos Michel y Louis de Marillac, críticos acerbos, ambos, de la costosa política de enfrentamiento a los Habsburgo   que ya empezaba a desarrollar Richelieu, y que reclamaban el fin de las hostilidades y la reorganización de la administración y las finanzas del Reino.

Contando con esos apoyos, en la mañana del 10 de noviembre de 1630 hubo una violenta escena en el palacio del Luxemburgo, residencia de María de Médicis, en el transcurso de la cual se oyeron gruesas palabras (“un torrent d’injures” –dice Saint-Simon-) entre la regia florentina y madame de Combalet, sobrina del Cardenal, a la que acaba expulsando de su casa sin miramientos; un Richelieu que ha llegado luego, de rodillas y entre lágrimas, y un Luis que ha venido desde el hotel de Embajadores extraordinarios, rue de Tournon, donde se aloja, para instar a  su madre a que haga las paces con el Primer Ministro por el bien del Reino –dice-, y que, tras asistir mudo y pálido a aquella insólita escena, prefiere desalojar el lugar, descompuesto y en cólera, y parte para su pabellón de caza de Versalles sin haberse pronunciado sobre la gran cuestión.

Armand Jean Duplessis, cardenal de Richelieu (grabado de J. Couvay (BNF)

Armand Jean Duplessis, cardenal de Richelieu (grabado de J. Couvay (BNF)

          Convencida de su victoria, María de Médicis comenzaba a reunir a sus partidarios, que ya se creían vencedores y con el Cardenal fuera del Consejo y en desgracia.

Pero no pensaba el rey, cuando se serenó y hubo recuperado el ánimo, ejecutar lo que su madre le pedía y hasta exigía, bien al contrario. Horas después Luis XIII recibía a Richelieu en Versalles y, sorprendentemente, le renovaba su confianza.

Los miembros eminentes del complot, que habían sido dupés, engañados o chasqueados, son perseguidos ahora: a María de Médicis se la confina en el château de Compiègne (de donde conseguirá huir en 1631 para llegar a los Países Bajos españoles), Michel de Marillac es encerrado en Châteaudun, y parten órdenes dirigidas al mariscal Schomberg en el ejército de Italia, de que se detenga a su hermano; traído a Francia, Louis de Marillac, después de un simulacro de juicio -que más tenía de venganza- en torno a cierta vaga acusación de malversación, fue condenado a muerte y decapitado en París en 1632, en la place de Grève, lugar habitual de las ejecuciones.

Y Richelieu se apresuró a colocar y recompensar a sus fieles, como Montmorency y Châteauneuf que heredó la Justicia. Su Eminencia no conocerá, en adelante, oposición que le pueda inquietar peligrosamente.

          Al optar por la política del Cardenal, Luis XIII afirmaba su deseo de instalar las firmes bases de una monarquía autoritaria y fuerte frente a la Casa de Austria, cualesquiera que fuesen las consecuencias sociales y financieras para el país; y se rechazaba la política de apaciguamiento y contemporización con los Habsburgo que defendía el “partido devoto”. La idea de un país independiente y fuerte en Europa se imponía a la idea de una Francia más justa, apacible y bien gestionada, en alianza con la otra gran potencia católica, España.

APUNTE BIBLIOGRÁFICO

CASTARÈDE, Jean: Louis XIII et Richelieu; Chaintreaux, ed. France-empìre monde, 2011.
GALLO, Max: Richelieu, la foi dans la France; París, XO ed. DL 2015.
JOUHAUD, Christian: Richelieu ou l’écriture du pouvoir: autour de la journée des dupes; Gallimard, 2015.
KNECHT, Robert Jean: Richelieu; Londres, Longman, 1991.
MONGRÉDIEN, Georges: La Journée des dupes: 10 novembre, 1630; Gallimard, 1961.

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