Law, sistema de –, bancarrota final y huída del financiero (1716-1720)

            Aquel financiero escocés John Law, que tantas  cosas vino a cambiar en los azarosos años de la Regencia de Felipe de  Orleáns, había nacido en Edimburgo el 16 de abril de 1671. Hijo de un rico orfebre que había comprado la importante propiedad de Lauriston, cuyos descendiente tomarían el título, el joven John vino a encontrarse, a la edad de veinte años, en posesión de una considerable fortuna, con la que, trasladado a Londres, se lanzó en el turbulento mundo del juego y la especulación.

            Obligado a expatriarse en 1695, a consecuencia de un duelo en el que resultó muerto su adversario, John Law decide viajar por Francia, Alemania, Holanda, y respirar nuevos aires. A su paso por Francia no dejó de frecuentar los garitos de juego, hasta que la policía de D’Argenson decidió expulsarle considerándole jugador demasiado afortunado.

            Y estudiando, durante este tiempo, los sistemas financieros, bancarios y comerciales de los diversos países, llega a la convicción de que el desarrollo de los intercambios exigía una moneda abundante y de que el papel moneda fiduciario era, a estos efecto, muy superior a la moneda metálica, en el momento en que, precisamente, la rarefacción de metales preciosos comenzaba a ser sensible, después de aquellos tiempos de abundancia en oro y plata que Europa haía onocido en el siglo XVI.  Y en 1705 publicaba unas “Considérations sur le numéraire et le commerce”.

            Ya Law se encuentra de regreso en Escocia, adonde ha vuelto en 1700 (tenía entonces 29 años). Le propone entonces al parlamento escocés la fundación de un banco que habría de emitir billetes cuyo valor estaría representado por hipotecas sobre las propiedades agrarias e inmobiliarias. Pero su plan es rechazado, y Law decide de nuevo pasar al continente en 1707, para acabar fijándose en París en torno a 1710, en las rigoristas postrimerías del reinado de Luis XIV, todo imbuido por Madame de Maintenon.

John Law, retrato de 1843, por Casimir Balthazar, según un retrato hoy desaparecido del siglo XVIII (Museo de Versalles).

John Law, retrato de 1843, por Casimir Balthazar, según un retrato hoy desaparecido del siglo XVIII (Museo de Versalles).

            John Law era joven, seductor y, sobre todo, muy rico, y los grandes señores le buscaron enseguida a causa de su reputación de jugador, por lo que no tardó en granjearse la amistad del duque de Orleáns.

Law seguía pensando que el Estado es responsable de la riqueza de un país y preconizaba la creación de un banco de Estado que pudiera ofrecer un crédito seguro y nuevo, con capacidad para inspirar confianza, como los que ya existían en Amsterdam e Inglaterra, creado este en 1694. Eran ideas que ya habían intuido para Francia cabezas como el Contrôleur Général des Finances, Nicolas Desmarets o Samuel Bernard, ese banquero de origen holandés que le había financiado a Luis XIV, recientemente, la guerra de Sucesión de España. Idea con la que iría relacionada la circulación de papel moneda fiduciario.

Y será en Francia donde Law venga a poner sus ideas en la práctica.

            Luis XIV muere en 1715, dejando un panorama financiero, económico y social desastroso y deprimido, con precios a la baja por la escasez de numerario,  con una considerable deuda de Estado y el comercio en grave declive, a pesar de los diversos expedientes autoritarios del colbertismo.

Y Philippe de Orleáns se convierte en Regente del Reino, durante la minoría de Luis XV.

            En mayo de 1716, Law conseguía entonces autorización para crear un Banco general (con un capital de 6 millones, representado por 12.000 acciones nominales de 500 libras), el cual obtenía, a su vez, el privilegio de emitir billetes que habrían de ser aceptados, como modo de pago, en todas las cajas reales. Para dar confianza, Law se comprometía a reembolsar siempre los billetes al valor facial, con lo que el papel parecía preferible al metal, cuya cotización variaba constantemente.

Y en agosto de 1717, ante el éxito obtenido, fundaba la Compagnie d’Occident, a la que empezaron a llamar la “Mississipi”, que pasaría a tener el control del comercio exterior (Luisiana, Indias, China) dos años después, y el monopolio del tabaco, junto a la refundición y fabricación de monedas y el cobro de los impuestos directos, a pesar de la oposición tanto de los fermiers généraux -esos grandes financieros arrendatarios de impuestos, “sanguijuelas del Estado”- como de todo de los receveurs (recaudadores) y otro personal en torno al arrendamiento (las fermes).

Así, todos los contribuyentes serían sus clientes y todos los rentistas sus accionistas, al convertir en acciones la deuda pública; porque, para reembolsar esa deuda sobre el Estado, Law creaba un “sistema”, que unía el Banco, la Compañía y el Estado, junto a la grandes compañías del Reino (Senegal, China, Guinea…), abosorbidas entre myo y julio de 1719.

Ligar el destino de esta Compañía –de dudoso futuro-, a la Banque royale –perfectamente viable-, fue uno de los graves errores que cometió Law.

            El ingenioso escocés había sido nombrado inicialmente superintendente de finanzas (al no poder ser ministro por su calidad de extranjero y de protestante), su banco se había convertido en Banco del Estado en diciembre de 1718 (Banque royale, con sede en el hôtel Mazarin de la rue Vivienne), capaz de atraer la masa metálica en circulación; y durante unos años, el crédito público y el comercio parecieron reanimarse, pensando ya en establecer el libre comercio de granos.

“Sistema” que solo creaba riqueza ficticia y no un negocio sano y tangible, muy por debajo de lo prometido o especulado, y que conocía su apogeo a finales de 1719, comenzando a ser imitado, incluso, en otros países de Europa.

El 5 de enero de 1720, después de haberse convertido al catolicismo, John Law acaba incluso accediendo al cargo ministerial de Contrôleur de Finances, pero la temeraria emisión de billetes ficticios (exageradamente por encima del valor real que el banco poseía), una sobreabundante propaganda, en torno a una Luisiana a la que describían como un nuevo Eldorado, y el agio especulativo que suscitó (cuyo centro se hallaba en París, en la estrecha  rue Quincampoix, donde se agolpaba un gentío heterogéneo y frenético), vinieron a provocar un alza vertiginosa del precio de las acciones ¡36 veces por encima de su valor!

La rue Quinquempoix, en la epoca del Sistema Law.

La rue Quinquempoix, en la epoca del Sistema Law.
Otra estampa semejante llevaba como leyenda, a pie, un texto que, resumido y traducido decía:

“En el año 1719, la rue Quinquempoix fue el teatro de las primeras operaciones del SISTEMA DE FINANZAS. Su progreso, tan violento como rápida fue su decadencia (a partir de 1720), parecería increíble, si los actos consignados en su historia no nos impidiesen dudar de ello. El tumulto congregado en ese lugar representaba a gente variopinta de ambos sexos y de toda condición, nobles y plebeyos. Todos parecían movidos en ese gran teatro de las pasiones (…). La Fortuna y el vértigo creaban en las operaciones millonarios de diversas clases (…) permitiendo hacer fortunas increíbles a gente sin ciencia, cuyo único mérito era el carecer de ellla; pero solo lo eran en la imaginación de aquellos que, impulsados por la codicia, cayeron sin reflexión en un juego financiero del que ignoraban los entresijos. ..”

Lo cual colocaba al sistema en una peligrosa situación, a merced de un proceso de pánico que podría desencadenarse en cualquier momento.

Y es que la colonización de la Luisiana -a donde el gobierno hacía tiempo que venía mandando a lo peorcito de la sociedad para repoblar aquellas tierras, con la fundación de Nueva Orleáns en 1718-,  apenas progresaba, el negocio no acompañaba y las acciones de la compañía venían dando unos escasos dividendos, muy por debajo de aquellos con los que habían especulado quienes habían adquirido acciones a desorbitados precios.

Lo inevitable comenzó a desencadenarse a partir del mes de febrero de 1720, con el ineluctable y brutal saneamiento del mercado.

Aun contando Law todavía con el apoyo del duque de Orleáns, la cotización comenzaba ya a descender y el nerviosismo aumentó rápidamente, cuando la Compañía vino a anunciar unos dividendos de menos de 2% ¡para unas acciones de 500 libras pagadas a 18.000!

Deseosos de vender y deshacerse de aquel papel, los inversores empezaron a agolpaban en la rue Quincampoix, azuzados por una oposición preocupada o celosa y exigiendo frenéticamente la devolución de su dinero en metálico. Los enemigos de Law y, sobre todo, los financieros hermanos Pâris, amenazados por los fabulosos proyectos del escocés (Pâris-Duverney particularmente, a quien Law le había quitado el cargo), trataron de crear otra Compañía competidora, l’Antisystème, que prometía al menos un 12% de beneficio (cuando Law solo ofrecía un 4%), pero que no pudo prosperar ante la hostilidad que recibió del propio Regente;  y quisieron luego realizar, con  no menos torcidas intenciones y de manera brusca, la totalidad de su cartera, provocando, esta vez, la bancarrota del sistema. Era el 17 de julio de 1720.

En el otoño, el nuevo Contrôleur quiso reaccionar, comprando él su propio no desdeñable volumen de acciones (lo que prácticamente arruinó su Banco), a fin de elevar artificialmente el precio, e imponiendo medidas rigurosas como la prohibición de exportar numerario o de guardar en su domicilio más de 500 libras metálicas.

            Pero la amplitud del desastre hacía ya la situación incontrolable, y el especulador financiero hubo de huir a Bruselas en diciembre de 1720.

Y el Regente Orleáns nombró Contrôleur Général a Félix Le Pelletier de la Houssaye, hombre experimentado como intendente en las provincias, y le encargó a Pâris-Duverney el saneamiento y liquidación del sistema, lo que acarreó la ruina de miles de familias.

            La desastrosa experiencia tuvo un balance moral: miles de particulares, centenares de conocidas familias y decenas de sonoros apellidos, se vieron presas de un repentino vértigo de codicia financiera, al margen del trabajo y la laboriosidad, viendo cómo el vecino se enriquecía de la noche a la mañana y cuando aparecían iguales en la especulación nobles, burgueses  y lacayos; y en la sociedad crecía la criminalidad -en estos años enloquecidos en que grandes nombres quedaban arruinados y cambiaban de mano las fortunas-, con la aparición, p. ej., del célebre bandido Cartouche, pasto de las actualidad y las conversaciones durante la regencia de Philippe de Orleáns.

Y aquel estrepitoso fracaso tuvo igualmente un balance técnico derivado de las notorias imperfecciones del sistema (gran desproporción entre las reservas de oro y el papel que lo pretendía representar, desmesurado capita ficticio de una Compañía colonizadora impotente…), porque, si bien la experiencia Law permitió reabsorber una parte importante de la deuda pública, su recuerdo iba a pesar muy negativamente en la evolución de la vida financiera en Francia, generando una obstinada desconfianza hacia el crédito, la banca y toda forma de papel moneda, retrasando así, hasta bien entrado el siglo XIX,  el progreso de un aceptable sistema bancario francés.

Pero también -hay que decirlo-, aquella experiencia financiera ligada a la aventura colonial de la “Mississipi”, revigorizó la economía de los puertos de Nantes y Burdeos con la trata de negros, ligada al tráfico azucarero de las Antillas, y desarrolló también Lorient, constituido en puerto de la Compañía de las Indias Occidentales.

Después de Bruselas John Law erró por diversos países, para acabar e Italia. Llegado a Francia con 1.600.000 libras, Law moría en Venecia en marzo de 1729, en una situación material próxima a la indigencia.

APUNTE BIBLIOGRÁFICO

COCHUT, André: Law, son système et son époque; Hachette, 1853. 
FAURE, É.: La Banqueroute de Law, 17 juillet, 1720; Gallimard, en la colección “Trente journées qui ont fait la France”; 1977.
HYDE, Harford Montgomery: John Law, un honnête aventurier (trad. del inglés); Hachette, 1949.
MURPHY, Antoin: John Law, économiste et homme d’État; Bruxelas, P.I.E., P. Lang livres, 2007.
RIST, Charles: Histoire des doctrines relatives au crédit et à la monnaie, depuis John Law jusqu’à nos jours; París, Sirey, 1951.
TRINTZIUS, René: John Law et la naissance du dirigisme; París, SFELT, 1950.

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