Bernardin de Saint Pierre, Henri

          Bernardin de Saint Pierre (1737-1814) – Jacques Henri Bernardin de Saint Pierre nació en Le Havre en 1737, en el seno de una familia modesta que sólo le pudo asegurar, inicialmente, unos precarios estudios en los jesuítas de Caen y luego en Rouen.

Dotado para las matemáticas, llegará primero a oficial y casi a ingeniero de Caminos, si no fuera porque la escuela de Ponts et Chaussées, cerró antes de que él concluyera sus estudios.

          Llevado por esta circunstancia, por su carácter desabrido y por sus ensueños (fundar una república ideal, según describirá en versos huecos, en su inconclusa Arcadia), inicia entonces una serie de viajes a partir de 1759 (Malta, Rusia, Polonia, Alemania…), donde va declinando ofertas de fijarse en empleos que no estima convenirle, pero que le permitirán numerosas observaciones “sobre la naturaleza y los hombres”. Y, a finales de 1765, se le ve de nuevo en Francia, adonde llega casi para asistir a la oportuna muerte de su padre, que le va a dejar una honesta herencia.

Consigue un puesto de capitán ingeniero del rey en la Isla de Francia (Île de France, hoy isla Mauricio),y para allá se embarca en febrero de 1768. Siempre resentido de carácter y algo afectada su salud, decide regresar y, a mediados de 1771, se hallaba ya en París.

Poco después, todavía con 33 años, empezó a frecuentar algunos salones, como el de mademoiselle de Lespinasse, mientras intentaba ganarse la vida dando clases de matemáticas.

Pero el racionalismo de los enciclopedistas no era su mundo mental y, a partir de 1772, conoce a J. J. Rousseau, con quien compartía su odio de la civilización y del que se hizo discípulo. Afirma, a partir de entonces, que “nuestra felicidad consiste en vivir según la naturaleza y la virtud”, ensalza el abandono a los sentimientos, “facultad más propia para descubrir la verdad, que nuestra razón”. Y en su Voyage à l’isle de France (1773) -que pudo publicar gracias a los buenos oficios de d’Alembert cerca de un editor-, expresa la nostalgia de un paraíso perdido.

En 1777, publica un Discours sur l’éducation des femmes, ensalzando la figura de la mujer y encareciendo en ella la virtudes de madre excelente y de buena regidora de su hogar, virtudes hacia las cuales ha de encaminarse su educación.

De 1784 a 1788 serán sus Études de la Nature que, con su renovada lengua, emotiva y pintoresca, le valen la fama inmediatamente (más en los gabinetes femeninos, hay que decirlo, que entre los ceñudos sabios y geógrafos); y, gracias al arzobispo de Aix-en-Provence, Boisgelin obtiene una pensión real de 4.000 libras anuales. El éxito se acrecienta aún más, tras la publicación de la “rousseauista” Paul et Virginie, 1787 -cuya lectura había hecho en el salón de madame Nécker y en algún otro-, que figura en el 4º volumen de los Études de la Nature, libro al que va a suceder el cuento filosófico de La Chaumière indienne.

El autor de tantos dulces sentimientos, hasta el lagrimeo, y corresponsable, con otras plumas, de la sensiblería prerrevolucionaria y revolucionaria, estaba entonces en el apogeo de su gloria; pronto la Asamblea Legislativa le nombrará intendente del Jardin des Plantes en julio de 1792. Bernardin decide casarse entonces con una hija del famoso librero-editor, ¡y no será, precisamente, para felicidad de la pobre Félicité, treinta años más joven que él, que le aportaba una bonita dote y a la que tratará mal, pese al idílico Paul et Virginie que leía media Europa.

Aquel puesto de intendente será suprimido antes de un año, pero él recibirá una indemnización. En octubre de 1795, ya bajo el Directorio, era recibido en la primera promoción del Institut, en la clase de Lengua y Literatura -con derecho a alojamiento-, prestigioso foro donde va a protagonizar agrias discusiones con sus colegas materialistas o descreídos, a la espera de apoyar, a partir de 1797, con Marie-Joseph Chénier y algunos otros, esa especie que los deístas anticristiano quisieron llamar Théophilanthropie y que recordaba aquel efímero culto de la Razón robespierrista, que se había intentado potenciar desde el Estado.

Además de alguna otra obrilla de circunstancias durante la Revolución, escribirá en 1798 De la Nature. De la Morale, en respuesta al concurso anual del Instituto: Quelles sont les institutions les plus propres à fonder la morale d’un peuple?

Pero la pobre Félicité moría a finales de 1799, y Bernardin se vuelve a casar, antes de un año, con la dulce Désirée de Pelleport, que aportará calma a la última etapa de la vida del escritor.

Llegaron el Consulado y el Imperio, y también del nuevo régimen recibirá honores y apoyo económico (¡pedigüeño siempre y adulador, cuando se aparecían en perspectiva algunos miles de luises o de napoleones!), particularmente con su ingreso en la Academia Francesa en 1803; Napoleón en Santa Elena –él que le había pensionado bajo el Imperio-, no le perdonará el que hubiera abusado de su generosidad.

Entre sus últimas publicaciones están Voyage en Silésie (1807), el drama en 14 escenas La Mort de Socrate, en 1808 -para ilustrar que “a la filosofía no le han faltado perseguidores, incluso en los países y los tiempos más ilustrados”, un Essai sur J.-J. Rousseau…

Si la ambición científica de Bernardin de Saint Pierre parece hoy ilusoria, se mostró como uno de los precursores del romanticismo y, particularmente, de Chateaubriand (inclinación por la “melancolía voluptuosa”, en el marco de una naturaleza amiga, gusto por la soledad…). Y, atento a describir un suelo y vegetales diferentes a los de Europa, creó un estilo preciso y expresivo, destinado a evocar los variados aspectos del mundo exterior, en su “singular magnificencia”.

Morirá en su propiedad de Éragny-sur Oise, en 1814, y en 1815 aparecerán sus Harmonies de la Nature, que nada nuevo aportaban.

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