Turgot – (1727-1781)

         Hijo de Michel Étienne Turgot –prévôt des marchands (cabeza de la administración municipal, representante del rey) de la ciudad de París, bajo Luis XV-, y de Madeleine Françoise Martineau de Bretignoles, Anne Robert Jacques Turgot, baron de L’Aulne, nacía en París el 10 de mayo 1727, tercero de una familia de cuatro hermanos.

         Destinado a la carrera eclesiástica, sostuvo brillantemente en Sorbona, en 1749, una tesis latina sobre “Los progresos del Hombre”, para ser nombrado a continuación prior de esa universidad. Pero no tardaría en renunciar a aquel proyecto familiar y, a partir de 1752, quiso retornar a la vida laica para entrar en la magistratura, llegando a ser consejero en el Parlamento de París (institución del Antiguo Régimen) y luego maître des requêtes (relator) en 1753.

          Pronto empezó a frecuentar los salones y los medios “”filosóficos” de la Ilustración.

          Por estos años publica un “Plan de deux discours sur l’Histoire Universelle”, donde establecía tres fases o estados: el teológico, el metafísico y el experimental, e insistía sobre la necesidad de una lógica que diera cuenta del progreso de la Historia.

          Luego dará a la luz unas “Lettres sur la tolérance civile”, en 1754, para combatir el fanatismo religioso, y empezó a colaborar en la Enciclopedia con diversos artículos (sobre “Existence”, “Expansibilité”, “Foires et Marchés”), y uno consagrado a la “Étymologie”. Colaboraciones en las que reflejaba toda su fe en la tolerancia y en el progreso. También traduce algunas obras del alemán.

Jacques Turgot

Jacques Turgot

          En 1761, fue nombrado Intendente en una de las regiones más pobres de Francia, el Limousin, en cuyo cometido obtendrá notables resultados, tanto en el plano económico como en lo social, rebajando los impuestos, abriendo centros de caridad, reparando vías de comunicación y asegurando la libre circulación de granos en el interior de aquella generalidad; y allí permanecerá hasta 1774, período durante el cual redactó y publicará en 1766 la que será su principal obra: “Réflexions sur la formation et la distribution des richesses”, con la que contribuía a fundar la ciencia de la economía política, intentando conciliar la fisiocracia con Gournay. Luego “Mémoire sur les prêts à intérêt”, sobre cuya legitimidad insiste (1769) y “Lettres sur la liberté du commerce des grains” (1770)

          Gracias al apoyo del ministro Maurepas, Turgot abandonaba aquel puesto para ser nombrado responsable de la cartera de Marina y, muy poco después, Contrôleur Général des Finances (ministro de Hacienda), en agosto de 1774. ¡Llegaba con 47 años y ya enfermo de gota! “Point de banqueroute, point d’augmentation d’impôts, point d’emprunts”, tal era la divisa que a sí mismo se daba al llegar a tan comprometida responsabilidad, y así se lo declaró al joven rey Luis XVI: la bancarrota podría evitarse sin aumentar la presión impositiva ni recurrir a nuevos emprestitos. Pero, ¡eso sí! habrían de reducirse el gasto público y el consumo de la Corte, y debería abordarse la reforma fiscal, lo cual venía a vulnerar grandes e importantes intereses.

          Y quiso rodearse en el gobierno de fisiócratas amigos y de hombres ilustrados de la talla del matemático y geómetra Condorcet.

          Convencido de que las innovaciones habrían de venir aplicando la política del progrès par en haut (lo que implicaba el enérgico apoyo del monarca, como instrumento de remoción de la vieja sociedad), Turgot se mostró enseguida partidario de una simplificación fiscal y de sustituir los heterogéneos impuestos a los que estaban sometidas las diversas capas de la población por un único gravamen territorial; y este gran liberal emprendió importantes reformas, instituyendo inmediatamente la libertad de comercio y de circulación de granos (septiembre de 1774), como venían propugnando los fisíócratas, para abaratar el pan –dijo- y acabar con las hambrunas; y suprimió las maîtrises (maestrías) y las jurandes (corporaciones de artesanos).

          La precedente cosecha de trigo no había sido buena, y la relativa escasez, en la primavera de 1775 vino a originar, durante los meses de abril y mayo, lo que se conocerá como “guerra de la harina”, después de que el ministro hubiera decretado que la circulación y comercio de granos sería libre en adelante. Pero se hizo sin la adecuada vigilancia del gobierno contra las maniobras especulativas de productores y molineros, lo que provocó un notable aumento en el precio del pan. El campesino humilde y el pequeño mundo de las ciudades –hombres y mujeres- asaltaron panaderías, silos, molinos y convoyes de trigo –terrestres y fluviales-, por varias regiones del Reino, y los disturbios llegaron hasta París y a las verjas de Versalles a primeros de mayo.

          Persuadido de que quien no trabaja es porque no quiere, Turgot había suprimido, salvo en París, los depósitos públicos para mendigos y vagabundos. Y, en nombre de la libertad individual de trabajo, a principios de 1776, además de los gremios, decidió abolir también las prestaciones gratuítas y obligatorias al Estado (corvées), que serían sustituidas por trabajo remunerado y sufragado por un impuesto que alcanzaría a todos los propietarios, sin privilegio alguno.

          Quiso alentar el ministro también el desarrollo de las ciencias, estimular el crédito y otorgar rango estatutario a la Escuela de Ingenieros de Caminos –Ponts et Chaussées-, clave del desarrollo del comercio interior. Y el servicio regular de diligencias que acababa de inaugurar iba a facilitar grandemente los desplazamientos de particulares con las turgotines -como se las empezó a llamar-, que, en días y horas previsibles, salían de las principales ciudades del país en dirección a París.

          Novedades, muchas de ellas, que no habrían de sobrevivir al paso de su promotor por el gobierno. Y es que toda su intensa acción de reformas la impregnaba el ministro de un tono autoritario que le creaba enemigos, y todo el sector cortesano que giraba en torno a la reina mostraba ya su hostilidad a la reforma fiscal y a la reducción de su tren de vida, unido ello a la antipatia que por él sentía su colega Vergennes, y a la oposición del poderoso frente parlamentario. El 12 de marzo de 1776, se hizo necesaria la presencia del rey en un solemne lit de justice, para conseguir el asiento registral de los edictos que inspiraba Turgot.

          Demasiados enemigos. El pusilánime Luis XVI no tuvo ánimo para sostener a su ministro y dejó de apoyarle a mediados de mayo de 1776.  “Ya os he dicho, querida mamá, que Turgot parece un hombre muy honesto; lo cual es esencial para las finanzas” –había sido la positiva apreciación que, en carta a María Teresa de Austria, el nombramiento le había merecido dos años antes a la joven reina-.

          Sin nada mejor que hacer, Turgot regreso al productivo estudio: Dos años después sacaba “Mémoire sur les municipalités”, donde abogaba por la creación de asambleas municipales, provinciales y nacionales, constituidas por propietarios, sin distinción de órdenes, concebidas como cauces para elevar al rey las inquietudes y deseos de la nación, y en cuyo seno se habrían de repartir los impuestos. ¡Tímido esbozo aquel –sin el decisivo concepto  aún de “soberanía”-, de lo que acabaría siendo la Asamblea Nacional revolucionaria de 1789.

          Si en su doctrina se advierte la influencia de Quesnay y los fisiócratas, Turgot se separaba de ellos al subrayar la importancia de la industria y del comercio, según lo que preconizaban el reformador bretón Gournay -de quien pronunciará la alabanza fúnebre- y, particularmente, Adam Smith.

        El anglófilo y reformador que había sido Turgot, miembro honorario de la Académie des Inscriptions,  moría en París cinco años después, el 18 de marzo de 1781. El economista y discípulo de Quesnay, Dupont de Nemours, publicará sus obras completas en 1808/11.

APUNTE BIBLIOGRÁFICO

CONDORCET, Jean Antoine Nicolas de Caritat, marqués de –: Vie de monsieur de Turgot; [publicado por Francisco Vergara]; Association pour la diffusion de l’économie politique, París, 1997.
FAURE, Edgar: La disgrâce de Turgot, 12 mai, 1776; Gallimard, 1961.
GIGNOUX, Claude-Joseph: Turgot; A. Fayard, 1945 (21ª ed.).
LAURENT, Alain: Laissez faire! Anne Robert Jacques Turgot, textos escogidos y presentados por –; Les Belles Lettres, 1997.
NEYMARCK, Alfred (m. en 1921): Turgot et ses doctrines; repr. fac-sim. Ginebra, Slatkine reprint, 1967.
POIRIER, Jean-Pierre: Laissez-faire et progrès social; Perrin, 1999.
SÉGUR, Pierre de – (1853-1916): Au couchant de la monarchie: Louis XVI et Turgot (1774-1775), Louis XVI et Necker (1776-1781); Reed. Besançon, Graine d’auteur, 2013.

En español:

NUEZ, Paloma de la –: Turgot, el último ilustrado; Madrid, Unión Editorial, 2010.

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