Marivaux – (1688-1763)

Pierre Carlet de Chamblain de Marivaux nació en París en 1688. Su juventud y su educación nos son mal conocidos. Parece que habitó en Riom, donde su padre era director de la moneda; y, a los dieciocho años consigue que se represente una primera comedia suya. Luego estudia derecho en París y entabla relación con La Motte y Fontenelle. Así es como adhiere al grupo de los “Modernos” y colabora en su órgano Le Nouveau Mercure (1717-1720).

Fue introducido en el salón de madame Lambert, donde destaca enseguida por su talento de conversador; pero, en el terreno literario, Marivaux continuaba buscando su vía: compuso novelas, una Iliade travestie (1717) y, en 1720, dos comedias para el teatro de los Italianos, una de ellas Arlequin poli par l’amour, y, para el Théâtre Français, una tragedia, Annibal

A finales de 1720, se vio fuertemente afectado por la bancarrota especulativa de Law, y el mundano bel esprit hubo de dedicarse ahora a las letras para ganarse la vida, afirmando paulatinamente su originalidad en tres campos: el periodismo, el teatro y la novela. Porque Marivaux pertenecía ya a esa nueva generación que comenzaba a vivir de su pluma, al margen, si no en contra, de la gente del gobierno.

Como periodista, lanza primero, de 1722 a 1724,  un nuevo periódico: Le spectateur français (1722-1724), imitando el periodismo “a la inglesa” y el título del británico Addison, Spectator; luego será l’Indigent philosophe en 1728, y Le Cahier du philosophe en 1734. Años después, Marivaux colaborará de nuevo en el Mercure, de 1751 a 1755. Y en sus artículos, en los que abordaba cuestiones literarias y morales, en un tono a menudo personal, se muestra fino psicólogo y agradable narrador.

Como autor dramático, sus dotes se desarrollan, sobre todo, en las comedias que escribe, generalmente, para el Théâtre Italien -vuelto a abrir en 1716-, y ahí encuentra la tradición de fantasía y libertad que favorecen su personal talento y, en la persona de la actriz Gianetta Benozzi, conocida por Silvia, una intérprete ideal. Desde La surprise de l’Amour (1722), con la que inaugura una comedia original, hasta Le Préjugé vaincu (1746), dará 27 produccciones en prosa, en uno o tres actos, para el Théâtre Italien; y sus obras maestras serán Le Jeu de l’Amour et du Hasard, en 1730, y Les Fausses Confidences en 1737.

Pero Marivaux escribía dentro de una gran variedad de inspiración, desde la comedia heroica, romancesca o mitológica, a la de costumbres, desde la pieza con pretensiones filosóficas o tesis social, a la sentimental o moralizante; aunque parecía mostrar predilección por el desarrollo de la psicología amorosa. Y se le ha reprochado, probablemente de manera injusta, de volver, una y otra vez, sobre los mismos temas.

Su éxito nunca fue particularmente notorio en el siglo XVIII, y la escena del Théâtre Italien (en comparación con el Théâtre Français), fue siempre secundaria para cualquier dramaturgo con pretensiones; tanto menos admirado, cuanto que Marivaux siempre se mantuvo relativamente alejado del clan filosófico, el único con el que se medraba. Todo le oponia a Voltaire: sus ideas religiosas, su compromiso con los “modernos”, su discreción o las sutilezas de su estilo y sus análisis, en las que el de Ferney sólo veía metafísica vaporosa y preciosismo. Será el siglo XIX el que, apreciando el teatro de Musset, redescubra su teatro; luego vendrán Giraudoux, Jean Anouilh…, en la misma línea de complejidad psicológica.

Ya Marivaux había vuelto a la novela, después de aquellas Les effets surprenants de la sympathie de 1712, (en la que parodiaba con ternura y simpatía la novela “preciosa” y romancesca, en voga decenios antes), Le Bilboquet (“El Boliche”) de 1713, y Les Folies amoureuses, que mantenía en el fondo de un cajón desde hacía más de veinte años y que publica en 1737, o La voiture embourbée, de 1714, que marcaba ya un progreso en la línea realista.

Luego serán, haciendo gala de un talento indiscutiblemente original, La Vie de Marianne, entre 1731 y 1738, con la narración en primera persona; y Le Paysan parvenu (1735-1736), con un Jacob protagonista que tenía algo del Gil Blas de Lesage, pero más libertino y una pizca de naïf; y en ambas novelas se perciben los recursos naturales del dramaturgo, preparando las sorpresas y los cambios de situación.

Psicología y acción van de la mano en Marivaux; ni era un universo convencional el que el novelista presentaba a sus lectores, sino la Francia real y la sociedad parisiense de su tiempo, en la que evolucionan sus personajes, complejos y auténticos, entre escenas variadas y pintorescas; porque ni las peripecias ni las intrigas le interesaban por sí mismas a su creador, sino el análisis psicológico al que daban lugar.

Marianne –que tenía ya bastante de novela moderna y mucho aún de recursos de las tablas-, y Le paysan quedaron inconclusas: madame Riccoboni dará un final a la primera y un anónimo concluirá la segunda, haciendo que el protagonista acabe de fermier général, o contratista de impuestos, y señor feudal de su pueblo.

Ya a partir de 1733, Marivaux frecuentaba el salón de madame de Tencin, la cual va a convertirse para él en una apreciada relación; fue gracias a ella como conseguirá ingresar en la Academia Francesa en 1742, nada menos que contra Voltaire (¡seis años más joven, que podría esperar!). Y también se le veía en los salones de madame Du Deffand y de madame Geoffrin, para ir retirándose luego paulatinamente, hasta su muerte en 1763, casi olvidado.

APUNTE BIBLIOGRÁFICO

ALCHAER, Sami: Le réalisme dans l’oeuvre romanesque de Marivaux; Presses Universitaires du Septentrion, 1999.
DABBAH EL-JAMAL, Chouki: Le vocabulaire du sentiment dans le théâtre du Marivaux; H. Champion, 1995.
DELOFFRE, Frédéric: Une préciosité nouvelle: Marivaux et le marivaudage; 2º ed. actualizada, Armand Colin, 1967.
DOUDET, Estelle: Marivaux; Studyrama, 2005.
GIRAUDOUX, Jean: Hommage à Marivaux; Stols, La Haya, 1943.
GAZAGNE, P.: Marivaux par lui-même; 1954.
LARROUMET, G.: Marivaux, sa vie et son oeuvre; 1882.

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