Pirineos, tratado de los – (7 de noviembre de 1659)

        El llamado “Tratado de lo Pirineos” (conocido igualmente como “Paz de los Pirineos”), fue sellado solemnemente (después de unos preliminares firmados el 4 de junio anterior), el 7 de noviembre de 1659 en la isla de los Faisanes, sobre el río fronterizo Bidasoa (que luego llamaron “de la Conferencia”); y fueron sus firmantes, por parte francesa, el cardenal Mazarino, “principal ministre d’État”, que había llegado a San Juan de Luz el 28 de julio anterior, y don Luis Méndez de Haro y Guzmán, privado del rey de España y II conde-duque de Olivares, por parte española, ambos plenipotenciarios respectivos.

Aquella negociación, que se desarrolló, pues, entre parte del verano y del otoño y que Haro había querido, también él, asumir personalmente, pretendía poner término al largo enfrentamiento franco-español que duraba desde 1635 y, al mismo tiempo también, a la guerra en Europa.

Tratado de los Pirineos. Habilitación de la Isla de los Faisanes, con vista a las reuniones de ambas partes
“Plan de la Isla de los Faisanes, hoy llamada de la Conferencia, y de las instalaciones habilitadas en ella, tanto para el tratado de la Paz general, como para la entrevista de los Reyes de Francia y España, conjunto de pontones y galerías cubiertas sobre el río para la entrada de dichos Reyes en la mencionada isla” (traducimos) BnF.

            A fin de mantener total disponibilidad en su enfrentamiento con Francia y gestionar con eficiencia los recursos, Haro había transigido no poco en su paz con las Provincias Unidas (enero de 1648), cuya negociación le había encargado al conde de Peñaranda, y que las malas artes de Mazarino habían intentado obstaculizar; e igualmente con Carlos I de Inglaterra y con Cromwell al que buscó no enfrentarse.

Todo fue inútil. Al término de veinticinco años de contienda, en el transcurso de los cuales ambos países habían venido hundiéndose paulatinamente, España acabó siendo vencida por el mariscal vizconde de Turenne en la batalla de las Dunas, cerca de Dunkerque aquel 14 de junio de 1658; triunfo de Francia con el significativo apoyo de Cromwell (lo que le valió a Inglaterra la posesión de Dunkerque). También salía derrotado en la misma jornada el ejército del príncipe de Condé, aliado de España.

Felipe IV no podía esperar una “paz blanca” sin vencedores ni vencidos, por lo que llegó a la negociación en condiciones muy desventajosas. Y las arduas discusiones, iniciadas ya en Madrid tres años antes, fueron conducidas, en nombre de Luis XIV, por el mismo Cardenal, secundado por el diplomático y pronto secretario de Estado de Negocios Extranjeros Hugues de Lionne.

Tratado de los Pirineos. Encuentro entre Luis XIV y Felipe IV en la Isla de los Faisanes (Charles Lebrun, Versalles).
Encuentro entre Luis XIV y Felipe IV en la Isla de los Faisanes (Charles Lebrun, Versalles).

España cedía a Francia el Rosellón y la Cerdaña, salvo Llivia (lo que llevaba la frontera hasta los Pirineos), la región de Artois (con once enclaves salvo Saint-Omer y Aire-sur-la-Lys), que alejaba también la frontera por el norte, así como diversas plazas fuertes de Flandes y del Nordeste, como cuñas amenazando los Países Bajos españoles, entre ellas Gravelinas, Saint-Venant, Landrecies, Le Quesnoy, Avesnes, Thionville, Montmédy, Marienbourg, Philippeville.

Lorena, invadida por los franceses, le era devuelta al duque Carlos IV, bajo la expresa condición de que las murallas de sus principales ciudades, como Nancy, serían desmanteladas o directamente ocupadas, y que una ruta hacia Alemania sería cedida a Francia en total soberanía. Condiciones leoninas que el duque rechazará, y que harán que Lorena permanezca bajo control militar francés hasta 1698.

En Italia, España aceptaba la ocupación francesa de aquella llave del Piamonte que era Pinerolo, comprometiendose a no seguir alimentando conflictos con los aliados y clientes de Francia, como el duque de Módena.

Y, por el artículo 60, Francia se comprometía a no apoyar a Portugal en adelante en sus pretensiones soberanistas.

En el mismo tratado y por expreso deseo de Felipe IV, Condé -cuyo vuelco del lado español había hecho posible que la guerra se prolongara-, obtenía el perdón del monarca francés y se veía restablecido en todos sus bienes y honores, salvo el gobierno de la Guyena (arts. 79 a 88). Tras Conde, regresaban también a Francia otras notabilidades de la nobleza que habían seguido al principe, como François-Henri de Montmorency-Bouteville, pronto duque de Luxemburgo, de brillante trayectoria militar en adelante.

        Y, después de una larga resistencia por parte del rey de España, que hubiera querido evitarlo, y la no menos obstinada insistencia de Mazarino en incluir tan importante cláusula en el tratado (llegó incluso a hacer creer a los españoles en el inminente acuerdo de unión entre el rey de Francia y la princesa Margarita de Saboya), el joven Luis XIV vendrá a desposarse en San Juan de Luz –según el tenor del tratado del año anterior-,  con María Teresa de Austria, el 9 de junio de 1660, en una ceremonia oficiada y bendecida por el obispo de Bayona. Y allí volvieron a reunirse la brillante corte francesa y Felipe IV con Haro y otros dignatarios españoles.

Tratado de los Pirineos. María Teresa de Austria con 15 años aprox. (Velázquez, Viena).
María Teresa de Austria con 15 años aprox. (Velázquez, Viena).

Ana de Austria madre de Luis XIV, era hermana de Felipe IV, y Elisabeth de Francia, esposa del monarca español, era igualmente hermana de Luis XIII, padre del contrayente. Doblemente primos los cónyuges, aquella alianza, símbolo poderoso de acercamiento entre las dos potencias, acabó suscitando regocijo y alegría a ambos lados de los Pirineos, prometiéndose todos lo mejor para el futuro.

La infanta española había llegado también con la promesa de su padre de abonar la muy importante suma de 500.000 escudos de oro; dote mediante la cual el rey de Francia se obligaba a renunciar, por él y sus descendientes, a cualquier pretensión sobre la sucesión de España que le pudiera venir a corresponder por la sangre de su esposa. Fue cálculo de Mazarino tal vez, y habilidad del francés Lionne que supo introducir aquella simple palabra: “moyennant”, que venía a supeditar ambos extremos de la condición, porque la dote no llegará a abonarse, y ello será fuente de futuros conflictos y pretensiones.

Faict en l’Isle dite des faisans, dans la rivière Bidassoa, entre Andaye et Irun,
le septiesme novembre mil six cent cinquante-neuf”
.
Así concluía, en la versión francesa, la literalidad de aquel prolijo tratado de los Pirineos de 124 artículos y algunos secretos.

 Y Felipe IV, relativamente satisfecho al término del tratado de los Pirineos (Luis de Haro fue nombrado gran canciller de las Indias y, en abril de 1660, I duque de Montoro con grandeza de España), se prometía ya recuperar la tierra lusitana, como le correspondía hereditariamente.

Tratado de los Pirineos. Don Luis de Haro
Luis de Haro, negociador del tratado de los Pirineos en nombre de Felipe IV (grabado de Joannes Meyssens, 1612-1670).

        Obra maestra de la diplomacia de un Mazarino ya agotado, el tratado de los Pirineos de este 1659 venía a consagrar en adelante, después de Westfalia (1648), la preponderancia francesa como primera potencia del Continente, por su territorio, su población, sus ejércitos y, durante más de un siglo, el brillo de su pensamiento y su cultura.

        Tendria cierta pertinencia traer aquí a colación aquella “Lettre à Monsieur le marquis  de Créqui sur la paix des Pyrénées” del conocido Charles de Marguetel de Saint-Denis, señor de Saint-Évremond, que estuvo presente en San Juan de Luz, en la época en que sus relaciones con Mazarino eran excelentes. En ella su autor atacaba al valido francés (ya en este 1659), y le reprochaba, entre mucha ironía y alguna saña, la mansedumbre que, a su entender, había mostrado Su Eminencia con los españoles, “quand la conquête des Pays-Bas était pleinement entre ses mains”. Pero aquella conquista en la que algunos pensaron, que hubiera dado a Francia toda la orilla izquierda del Rin, hubiera supuesto un casus belli para ingleses y holandeses

La carta en cuestión -descubierta posteriormente entre los papeles de madame Du Plessis-Bellière con ocasión del proceso de Fouquet (1661-1664)-, comprometió a Saint-Évremond definitivamente y vino a provocar su desgracia en 1661.

A raíz de lo cual, partió para Inglaterra y fue para bien, pues allí animará, con su talento y su causticidad, el salón -frecuentado por los “beaux esprits” y libertinos de media Europa-, que Hortense Mancini (1646-1699), duquesa de Mazarino –ya fallecido su hermano para entonces-, abrirá en Londres cuando venga a instalarse aquí huyendo de su marido. Y así servirá Saint-Évremond de unión intelectual y literaria con Francia, desde ls orillas del Támesis.

El tratado de los Pirineos fue también el final de la hegemonía española en Europa y de los Habsburgo en general. Cuando Mazarino venga a morir el 9 de marzo de 1661, el joven rey de veintidós años que era Luis XIV y que se disponía a ejercer su gobierno personal, podrá escribir un día para su hijo: “Tout était calme en tout lieu, la paix était établie avec mes voisins, vraisemblablement pour autant de temps que je le voudrais moi-même” (“Todo estaba tranquilo en todas partes, la paz se había instaurado con mis vecinos, y por tanto tiempo, verosímilmente, como yo mismo quisiera”).

APUNTE BIBLIOGRÁFICO

BÉLY, Lucien: Les relations internationales en Europe, XVII e, XVIII e siècles; París, Pressses Universitaires de France,  2013.También: La paix des Pyrénées (1659) ou le triomphe de la raison politique; París, “Classiques Garnier” (“Histoire des Temps Modernes”), 2015.
BROTHÉ, Éric: L’île des Faisans. Traité des Pyrénées. Hendaye, 7 novembre, 1659; Biarritz,  Atlantica, 2010.
COMBES, François: Histoire générale de la diplomatie européenne. Histoire de la formation de l’équilibre européen par les traités de Westphalie et des Pyrénées; París, E. Dentu, 1854.
MARCET-JUNCOSA, Alicia: Le rattachement du Roussillon à la France; Canet, Trabucaire, 2015.
SÉRÉ, Daniel: La paix des Pyrénées: vingt-quatre ans de négociations entre la France et l’Espagne (1635-1659); París, H. Champion, 2007.


En español:

NOGUÉS, Francisco fl. 1659 (impresor): Memoria de la entrada que hizo el eminentissimo señor Cardenal Macerino de Francia en S. Iuan de Lus, en 28 de Iulio deste año de 1659. Zaragoza, 1659.
VALLADARES RAMÍREZ, Rafael: El tratado de paz de los Pirineos:una revisión historiográfica (1888-1988); en “Espacio, tiempo y forma”, Serie IV. Historia Moderna. Madrid, UNED, pp. 125-138.  También: Luis de Haro y el gobierno de Felipe IV; Madrid, Centro de Estudios Europa hispánica, 2009.